Las mujeres ya no tienen que afanarse por tener hijos, pueden preservar la fertilidad para el futuro. A esa conclusión han llegado los estudiosos, tras establecer que las tecnologías más recientes les permiten superar el reloj biológico.

Antes de la disponibilidad generalizada de la píldora anticonceptiva, era más difícil para las mujeres tener un control preciso de su fertilidad. No había opciones confiables para planificar. Sin embargo, la introducción de este método en 1955 y de tecnologías más recientes como la Fertilización in vitro (FIV), la donación y congelación de óvulos les ha permitido a ellas superar el reloj biológico, permitiéndoles tomar diversas decisiones sobre la maternidad. Una, por ejemplo, es postergarla.

En 2012, la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM) aceptó un nuevo procedimiento clínico para crio preservar óvulos, un método de preservación de la fertilidad que ofrece una oportunidad para conseguir un embarazo en el futuro, dice el médico especialista en fertilidad Juan Luis Giraldo en su más reciente libro Buscando un bebé: cómo enfrentar los obstáculos de la infertilidad (Vergara, 2018).
“Este tipo de técnicas han permitido que la mujer dilate la maternidad casi sin límite de edad, aunque tenga una reserva de óvulos limitada”, aclara él. Ello porque hoy es común que algunas consideren otras opciones antes de tener un hijo, como su realización profesional.

En el caso de Alexandra Montoya, periodista y reconocida humorista, quien quedó embarazada a través de la reproducción asistida, la “mejor edad” para tener un hijo fue en gran medida un producto de su momento cultural y económico, no un dictado de la biología.
El mejor momento para tener un bebé es una decisión íntima, pero las presiones sociales a las que se han tenido que someter las mujeres se mantienen y aún limitan. “A los 18 me decían que no podía manchar el nombre de la familia quedando embarazada; a los 25 la premisa era, estudie, no vaya a casarse todavía, y a los 30, ¿cuándo se va a casar?”, cuenta la humorista.
Montoya relata en su libro Yo lo decidí (Planeta, 2018), que cerca a los 40 años tuvo a su hijo Juan José sin una pareja porque no quería esperar al hombre indicado. “Soy consciente de que la fuerza no es la misma que en los veinte, pero sí hay más estabilidad emocional y económica”.

Ideas en vaivén

La pregunta por la edad adecuada para tener hijos viene de tiempo atrás. En los manuales de maternidad publicados a principios del siglo XX, algunos eugenistas, que eran los encargados de filosofar sobre mejorar la selección natural, advirtieron a las mujeres que esperaran hasta que tuvieran al menos 24 años para tener hijos, para evitar que su descendencia sufriera tanto de su inmadurez biológica como emocional. Otros manuales también sugerían no esperar demasiado, ya que posponer el parto, señalaban, aumentaba la probabilidad de esterilidad. Esto se lee en El matrimonio eugénico: una guía personal para la nueva ciencia de una vida mejor y mejores bebés (1914), de William Grant Hague.

Hubo otros intentos de influenciar las decisiones sobre este tema. En Estados Unidos y a fines de la década de 1920, el sociólogo Arthur A. Campbell señaló en el Journal of Marriage and Family que las parejas jóvenes que tenían hijos poco después del matrimonio eran objeto de chismes y juicios severos. Era una manera de pedir que lo postergaran para luego.
La Gran Depresión se sumó a la popularidad de posponer el embarazo, ya que la ansiedad económica frenó el deseo de procrear y las tasas de natalidad en Estados Unidos disminuyeron.
Actualmente, al menos en Colombia, médicos que trabajan en fertilidad como Giraldo aseguran que “las milenials están buscando una maternidad tardía”, lo cual no parece representar una ruptura dramática con el pasado, sino una continuación de una tendencia que comenzó antes de la Segunda Guerra Mundial.
“Retrasar la paternidad para invertir más tiempo en educación y desarrollo profesional se ha convertido en una estrategia favorita para sobrevivir en un mercado cada vez más competitivo”, asegura el doctor, quien además tiene una subespecialización en infertilidad y laparoscopia de la Universidad de Yale.
Existen otras situaciones que podrían comprometer el potencial reproductivo de una persona, antes de que se vea afectado biológicamente. A Eliana Mejía Franco, de 43 años, le diagnosticaron cáncer de mama en 2014. Lo primero en lo que pensó fue en preservar su vida. Luego las ideas negativas sobre los efectos secundarios la inundaron de ansiedad, si bien no se le cruzó por la cabeza que su sueño de ser madre se podría ver afectado.

A Mejía la quimioterapia la ayudó a curar la enfermedad, si bien sus médicos advirtieron que los tratamientos dañarían sus órganos reproductivos, casi con toda seguridad dejándola estéril.
Por eso tomó la decisión de crio preservar sus óvulos vitrificándolos, una técnica similar al congelado, pero con diferencias relevantes.

Qué es la crio preservación

La disminución en el número y la calidad de los óvulos, en relación con la edad, genera un aumento en la frecuencia de la infertilidad, de aborto espontáneo y de malformaciones genéticas. Para desentrañar el concepto Giraldo explica que una mujer de 25 años puede tener un riesgo de infertilidad de aproximadamente el 5 %, de tener un aborto espontáneo cercano al 10 % y de tener un bebé con Síndrome de Down alrededor de 1 entre 1.000.

A diferencia de eso, los riesgos para una mujer de 40 años serían de infertilidad en un 60 %, aborto espontáneo en 50 % y Síndrome de Down de 1 entre 120. Por esto, investigadores han trabajado en mecanismos para preservar la fertilidad tanto en hombres como en mujeres.
La más reciente innovación en estas técnicas que se suma a la crio preservación de embriones y de espermatozoides es la crio preservación de óvulos. A diferencia de estos dos, los óvulos han demostrado menor resistencia a la congelación y menos al ser descongelados. Esto se debe principalmente a que el óvulo es la célula más grande del cuerpo y, por ende, la que más agua contiene. Además, la estructura en la cual están dispuestos sus cromosomas, con el material genético que guarda toda la información para trasmitirle al embrión (ADN), parece particularmente sensible.

De ahí qué, agrega Giraldo, para mejorar la sobrevida de los óvulos los científicos cambiaron el concepto de congelación mediante la formación de hielo al vidrio, procedimiento conocido como vitrificación. De esta forma no se generan cristales espiculados que dañen los órganos internos de las células.
Con esta nueva posibilidad, las tasas de sobrevida de los óvulos descongelados, luego de ser vitrificados, es cercana al 90 %.
Hay especialistas como la doctora Jacqueline Laing, experta en ética médica de la Guild Hall University de Londres, a quienes les preocupa que se genere una tendencia que lleve a pensar que las mujeres que estén en sus treinta o cuarenta solo podrían reproducirse de manera asistida. Y no necesariamente. Ella habla de su posición en el sitio web del Comment on Reproductive Ethics (CORE), una organización cristiana provida del Reino Unido.

Así que la visión a futuro sobre la maternidad va incluso más allá de “triunfar sobre el reloj biológico”, y puede tratarse de una reevaluación del concepto de maternidad y una declaración de cómo la sociedad y la cultura está transformando el concepto de familia. En el caso de Alexandra la compone su hijo y sus abuelos. Y eso llegó con una decisión: la de ser mamá a los 40.

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