“…Un país como el nuestro no puede darse el lujo de caer en la confrontación política, pues está probado que somos capaces de ir a extremos inimaginables…”.

En la recta final de la campaña presidencial aumenta la tensión entre las diferentes candidaturas, aumento que en buena medida tiene su origen en las encuestas que aparecen cada semana y que se prestan para todo tipo conjeturas, análisis y cuestionamientos, tal como sucedió recientemente cuando dos de los aspirantes tildaron de manipuladoras a las firmas que hacen los sondeos de opinión y que se publicitan por los medios masivos.

Parece también inevitable que se suban de tono los discursos de los aspirantes a llegar a la Casa de Nariño, quienes públicamente se sacan los chiros al sol incrementando la polarización y los riesgos incluso para los propios dirigentes pues ese fragor del debate intenso permea a los simpatizantes de uno y otro bando con consecuencias que pueden llegar a ser catastróficas.

Un país como el nuestro no puede darse el lujo de caer en la confrontación política, pues históricamente está probado que somos capaces de llegar a extremos inimaginables causando daños irreparables. Solo basta con mirar 70 años atrás para encontrar un ejemplo de lo que pasa cuando el fragor político nos invade.

En ese orden de ideas nos parece justo el momento para decirles a los ciudadanos que no deben caer en la trampa de pelear por ideales políticos, pues cuando el debate termina, los jefes se abrazan, estrechan la mano y hasta hacen nuevas componendas mientras que el elector se queda mirando para el cerro como se dice coloquialmente con diferencias que se convierten en irreconciliables.

De nada nos sirve enfrascarnos en controversias cargadas de insultos, señalamientos y ataques a través de las redes sociales donde van y vienen mensajes, memes y noticias falsas de una y otra campaña y que pareciera una estrategia maquiavélica de los líderes para entretener al electorado y de esta manera quitarle a este la capacidad de mirar con objetividad lo que proponen al país.
Es una realidad que cada una de los candidatos a la primera magistratura del país tienen a su lado estrategas capaces de poner a rodar cadenas de desinformación para sacar ventaja y así confundir a los ciudadanos que son movidos como marionetas perdiendo la mirada crítica y objetiva, hecho que explica la presencia de grupos de personas gritando e insultando a los dirigentes que llegan a las distintas poblaciones del país en sus correrías políticas arriesgando incluso la vida misma pues nadie sabe como puede reaccionar un militante enardecido para defender su candidato.

Como lo hemos señalado en otros editoriales, el papel que nos compete como ciudadanos no es otro que mirar y revisar los programas y propuestas de los que quieren gobernar el país y con conocimiento de causa ir a las urnas, depositar el voto y fortalecer la democracia.
La campaña en la primera vuelta termina el 27 de mayo, sin duda se extenderá hasta junio pero lo único claro es que al día siguiente de la contienda todos sin excepción tendremos que madrugar a trabajar para ganarnos el sustento diario y es ahí cuando debemos preguntarnos: ¿Vale la pena pelear por política?, creemos que usted ya tiene la respuesta.

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