“…conviene intensificar las políticas de protección a los menores que viene imple-mentado el gobierno…”.

“Primero los niños”, “Los niños son el futuro de la patria”, son algunas de las frases que se escriben y leen con frecuencia en diferentes escenarios para referirse a los chicos, quienes merecen toda consideración, amor y respeto por parte de los adultos que los cuidan y desde luego, por parte de todas las personas que tenemos contacto con ellos en la escuela, en las calles, etc. A estas consideraciones. Debe agregarse el derecho que tienen los infantes, en cuanto a recibir una educación de calidad que contemple las exigencias del mundo actual. Ignorar esto sería un error histórico que marcaría una impronta negativa en la historia y que nos cobrarían sin vacilación las generaciones por venir.

A pesar de declaraciones tan loables como las anteriores, con frecuencia los medios de comunicación reportan abusos contra los niños, injusticias que afectan su integridad física y emocional; desde luego, éstas perjudican su sano desarrollo e inciden de manera negativa en su adultez. Como se puede suponer, en un ambiente signado por estos atropellos, las víctimas de los mismos no estarán en condiciones de forjar un futuro digno para el país, como se anotó líneas atrás. Por ello, conviene intensificar las políticas de protección a los menores que viene implementado el gobierno.

Estas, para una mayor efectividad, demandan un compromiso más decidido de la familia, de la escuela y de la sociedad. De manera adicional, se debe aplicar rigurosas pruebas sicológicas al personal encargado del cuidado de los niños para anticiparse a posibles dificultades y depurar el ambiente que debe rodear a los pequeños. A estas sugerencias, le cabe cualesquier otra que apunte a salvaguardar la salud mental y física de los infantes para asegurar de esta manera un papel activo, productivo y eficiente en su ulterior rol adulto de ciudadanos.

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