“…tiene que ver con esa siniestra tradición de espanto que nos hemos labrado a través de la historia…”.

Sin duda la novela y el cuento colombiano pasa por uno de sus mejores momentos Son muchos los nombres de jóvenes y curtidos narradores que en la actualidad estrenan obra con muy buena fortuna. Enriqueciendo a los lectores de ficción que abundan en las nuevas generaciones. Y para resaltar este aserto me voy a referir al más reciente permio de novela que convoca la Universidad Industrial de Santander, ganado en su segunda versión (2017) por el bogotano Daniel Ángel con la obra “En esa noche tibia de la muerta primavera” y que como su nombre lo indica tiene que ver con la vida y obra del poeta José Asunción Silva.

No es como podría pensarse la “ópera prima” del novelista cachaco, él haciendo suyos unos versos de la poeta panameña Magdalena Camargo Lemieszek que dicen, “para que nunca olvidemos que todos los hombres/llevan los ríos de la guerra/inundando el fondo de sus cuerpos”, se ha encargado desde la invención literaria, de recrear todas las guerras y violencias ejercidas desde una élite pervertida sobre la nación colombiana, inclusive la que terminó, según su novela sobre Silva, con el asesinato del poeta por parte de una aristocracia criolla que no tuvo reparos en acudir a la falsificación de moneda con tal de continuar gozando de sus privilegios de clase, con el agravante que dichos facinerosos eran familiares cercanos al poeta.

Fanatismos que diezmaron los campos colombianos en la llamada Guerra de los Mil Días y que Ángel recrea en “Rifles bajo la lluvia”, donde entrelaza magistralmente tres espacios narrativos que tiene que ver con esa siniestra tradición de espanto que los colombianos nos hemos labrado a través de nuestra historia, así la historia oficial sea la descarada y manipulada negación de los dolorosos hechos que nos han impedido forjarnos como una sociedad incluyente y participa-tiva. Desde estas muy bien escritas páginas podemos cotejar la débil y neblinosa línea que hay entre mentira y realidad. Léanlo.

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