“…Rememos el camino, abracemos más a nuestras familias, queramos más a nuestros mayores…”.

Cuando todo llega a su fin, cuando llega el frío mortal a nuestra vida, como el rayo que sin avisar explota en el firmamento, cuando el soplo de la vida se apaga llevándose sueños, metas a medias y los te quiero que nunca se dijeron por falta de tiempo, olvidando que como dice la canción (el tiempo pasa y se nos va la vida), deseamos esos minutos adicionales de su latir, para decir y realizar lo que debimos pero que no hicimos, ¿por que? Por falta de minutos.

Nuestros seres queridos se nos van cuando menos lo pensamos, pues dependemos de la voluntad divina del creador, del Dios de amor que nos premió con ese soplo de vida terrenal, con un principio y un final. Esta realidad nos debe enseñar que la fragilidad del ser humano es tal porcelana que al menor impacto se destruye, en horas pasamos de ser un templo de vanidad a un puñado de polvo refinado, ahí queda todo para el que partió sin darse cuenta y para los que quedamos, el dolor, la impotencia e incertidumbre del por qué, por qué él si era tan joven, por qué si era tan bueno. Minutos deseamos, pero no los tendremos, la mejor forma de seguir la vida y de honrar al (padre, abuelo, tío, amigo, hermana), que nos dejó para pasar al siguiente plano de vida eterna, es recordarlo por sus buenas acciones y alegrías, por sus virtudes y hasta por sus errores entendiendo que cada ser cumple una función en nuestras vidas y que sin ellos quizás no hubiésemos logrado llegar hasta el hoy.

Decidí escribir sobre este tema en estas épocas donde se ve cada día que nos hemos vuelto más insensibles, menos amorosos y menos solidarios, todo por la falta de tiempo. Retomemos el camino, abracemos más a nuestras familias, queramos más a nuestros mayores, que no de pena decir un te quiero, que no de pena cogerles de la mano, que no de pena decir un lo siento y aceptar una disculpa, que no de pena reconocerles y agradecer sus buenas acciones en vida y ojalá exaltarlos ahora que están presentes. Ya cuando ellos se van solo quedará el recuerdo y ya esos minutos de más no importarán. Todos hemos tenido personas maravillosas en nuestras vidas, recordémoslos con cariño, agradezcamos y recompensémosles en vida y mantengamos su legado, siempre sus errores serán pocos comparado con sus virtudes, de los míos siempre agradeceré sus enseñanzas, su nobleza y ante todo su alegría; un minuto en vida hará la diferencia.
Nota: en el Buen Samaritano hay mas de 100 abuelos, a la caridad del querido padre Palacio, aunque no son votantes activos sería bueno ver la acción de nuestros gobernantes, por lo menos ahora en Navidad.

r.varon1973@gmail.com

También te puede interesar:   El Rubén Cruz en observación
Compartir: