¡La Liga es para los azules! Este domingo Millonarios celebró tras ganar a su rival de patio, Santa Fe, el título del fútbol profesional colombiano. El conjunto embajador empató 2-2 frente al equipo cardenal y lo superó 3-2 en la serie.

Los jugadores de Millonarios salieron a correr, la organización entró a acomodar la premiación, pero no, no, devuelvan todo, el partido no ha terminado. En una escena salida de Macondo, una que solo podía pasar en Colombia, el embajador levantó su estrella 15.

Era el minuto 94 y el árbitro Wílmar Roldán parecía que había señalado el final del juego, pero hizo devolver todo porque aún no terminaba, faltaba una jugada más. Un balón en el aire pudo parecer una eternidad, pero el capitán Andrés Cadavid la rechazó tan fuerte como pudo y ahí sí estalló el júbilo en los únicos que podían estar de azul en El Campín, y se extendió hasta el parque Simón Bolívar, donde estaban los hinchas de Millonarios y toda la Bogotá azul.

En la previa, la ansiedad se tomaba el alma; los nervios, la mente; el miedo hacía que el frío fuera dueño del cuerpo de cada hincha de Santa Fe y Millonarios. Y cómo no. Es que no era uno de esos clásicos que quedan en el historial, no era ni el ciento y pico que iban a ganar los embajadores, o uno más para que descontara el rojo. Si los clásicos no se pueden perder, el de este domingo en la noche era el más importante de la estantería.

Santa Fe tenía que atacar, apenas obvio; no solo tenía la obligación de remontar para ganar la estrella, también había una jauría de leones en la tribuna, sedientos de gallina, de triunfo, de una copa más para ponerle la cereza al postre del Santa Fe más importante de la historia. Era la Liga que había que ganar, el título tan importante, tal vez como aquella séptima estrella que abrió el camino a tanto éxito cardenal.

Al otro lado, en el parque Simón Bolívar, donde se congregaron varios hinchas de Millonarios a ver el juego, había una tensa calma; subía la temperatura por momentos, pero no había euforia ni algarabía. No había ninguna posibilidad de que el camino no fuera espinoso, sin obstáculos, porque del embajador de antaño, el que ganaba con los ojos cerrados, no queda nada, y cualquier pequeño triunfo no es nada fácil.

Matías de los Santos, un uruguayo nacido en Salto, el mismo lugar donde crecieron Luis Suárez y Édinson Cavani, en la primera batalla se elevó por los aires de Bogotá y anotó el gol con el que Millonarios ganó la ida. Este domingo volvió a saltar, pero no le ganó a nadie e hizo penalti que fue gol rojo, y mientras El Campín rugió más fuerte, en el Simón Bolívar la esperanza de título se empezó a esfumar.

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