“…y es ahí donde el pueblo podrá medirlos sin el fanatismo que produce el pavimento, los puentes,…”.

Por estos días se debate en el Congreso de la República la posibilidad de aumentar el periodo de los gobernantes actuales (gobernadores, alcaldes, diputados y concejales) con el fin de equiparar el periodo al del Presidente de la República hasta el 2022. Algunos sectores se oponen a la propuesta pues ven diluidas sus intenciones de ocupar los cargos regionales en el 2019 y los recursos que dejarán de percibir durante los próximos 4 años.

Otro sector está de acuerdo pues así pueden aumentar tiempo y ejecutar hasta el último peso del botín, osea el cuarto de hora se les convierte en doble para poder así dilapidar los recursos que el pueblo les dio a administrar. Hay opiniones divididas pero comparto la que cree, que de salir adelante esta iniciativa y basado en el dicho popular “es mejor malo conocido que bueno por conocer”, será preferible la posibilidad que se aumente el periodo a los actuales, pues esto llevará a dos únicos caminos y los dos son buenos. Primero: muy positivo que los alcaldes de Bogotá, Medellín y Barranquilla continúen con su tarea de ejecución en infraestructura y en el 2022 entreguen a Colombia unas súper ciudades desarrolladas, más seguras y a la altura de las grandes capitales del mundo, lo que traerá más oportunidades y progreso para sus habitantes.

Segundo, y también positivo, será poder medir la gestión de los actuales gobernantes en el manejo de los recursos, pues así sabremos si los utilizaron de manera transparente y honesta o por el contrario y como por lo general sucede, que a un año de terminar su periodo, ya han derrochado las vigencias futuras y es ahí donde el pueblo podrá medirlos sin el fanatismo que produce el pavimento, los puentes, los andenes y demás balances de papel y de programa radial. Así pues, serían dos años más en los que sabremos realmente de qué están hechos nuestros elegidos.

El debate está abierto, pero será el Congreso quien fije qué es lo que más conviene a Colombia. Lo que sí es cierto es que será la oportunidad para escoger mejor a los próximos alcaldes y cerrarle un poco el paso al gigante que se abre espacio en la sociedad disfrazado de Robin Hood, que promete despojar al empresario de sus bienes para repartirlos entre un enjambre de zánganos que exigen más de lo que su compromiso con la sociedad les permite.

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