El Tabloide

¿Por qué matan a los menores?

“…Vemos con estupor la forma inmisericorde como están acabando con la juventud arriesgando sus vidas por ganarse en forma rápida un poco de dinero y ofreciéndoles paraísos donde no los hay…”

Es sumamente grave y alarmante que el Valle del Cauca lidere el asesinato de menores de edad durante el año que pasó con una cifra que en el país suma 712 lo que echa por tierra todas las medidas preventivas que el gobierno adelanta a lo ancho y largo del territorio nacional. Es un hecho que debe preocupar a la sociedad en general porque, a veces, pareciera que nos estamos acostumbrando a la violencia cotidiana y dejamos las cosas como van puesto que ya no tienen remedio y nos decidimos por amoldarnos a los sucesos que seguramente en otros países prenderían las alarmas.
Y lo más curioso y extraño de estos acontecimientos que enlutan miles y miles de familias a diario es que el silencio es la respuesta de la comunidad nacional, no protestan, no marchan en las calles, no vociferan, no gritan, tal como sí lo hacen los cientos de personas que realizan manifestaciones cuando presuntamente les violan los derechos fundamentales como la falta de comida, vivienda, salud y el trabajo, entre otros.

Estamos viviendo en una sociedad adormilada, alienada y casi enfermiza, puesto que algunos hechos lo confirman, tales como cuando protestan en un lugar determinado del país dizque porque las autoridades detienen y penalizan a un delincuente reconocido y le tributan honores hasta después de su muerte.
Estimamos que se están tergiversando los valores que han sostenido a la humanidad durante siglos y en consecuencia se entra en un camino muy cercano a la anarquía en donde cada cual se rige por sus propias reglas sin importar para nada el bien común.

Vemos con estupor la forma inmisericorde como están acabando con la juventud arriesgando sus vidas por ganarse en forma rápida un poco de dinero y ofreciéndoles paraísos donde no los hay. Es urgente que se tomen medidas para proteger a la juventud y especialmente a los menores de 10 años que suman 50 entre las víctimas de la violencia intrafamiliar. Parece a primera vista, y que se ha fracasado en la implementación de las medidas de seguridad como también en las políticas de educación desde el seno de la familia y las instituciones responsables han agotado todos sus recursos sin resultados altamente positivos.

Pero, nosotros vallecaucanos, que nos enorgullecemos de otras muchas cosas positivas, sentimos vergüenza que ocupemos el primer lugar en la muerte violenta de los menores de edad, este es un hecho indigno, oprobioso y perverso, que indica claramente que la decadencia moral crece como una bola de nieve sin encontrar quién la detenga, especialmente nos preocupa que el bien supremo como es el respeto a la vida, esté por el suelo. Si bien es cierto que, desafortunadamente, nuestra región ha sido tradicionalmente lugar de hechos violentos por distintas razones de todos conocida, no podemos aceptar que se ensañen contra los niños y la juventud, personas a quienes no se les ha permitido vivir plenamente siquiera sus primeros años, lo cual amerita nuevamente hacer un alto en el camino y revisar minuciosamente y con certeza qué es lo que le pasa a nuestra sociedad moderna que, acosada por los nuevos medios de comunicación y una sociedad de consumo implacable, no piensan, no leen, no estudian y se dejan, sin conciencia crítica, atraer por los efímeros gustos de la apariencia que, al final solo les deja lágrimas y luto para todos los suyos ,parientes y amigos.
El Valle del Cauca es mucho más que crímenes contra los menores de edad, y es un derecho de nuestra sociedad exigir medidas de protección y educación que ofrezcan resultados y no solo promesas.

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