Su Construcción la lideró un educador amante de la tauromaquia que tuvo como “cómplices” a sus alumnos a quienes llevaba a trabajar como parte de la labor social.

Vista aérea de la Plaza de Toros Santa Helena hoy día Centro Cultural “Enrique Marmolejo”.

En la imaginación de los toresanos se escuchan aún los oles y aplausos que arrancaron en varias tardes, Enrique Calvo “El Cali” o el inspirado Joselillo de Colombia, dos de los toreros de cartel que llegaron en las fiestas de agosto a la Plaza de Toros Santa Helena, un pequeño redondel al que le caben sentadas cerca de mil personas.
Nadie en esta población de calles solitarias y adornada en su paisaje por una envidiable cantidad de samanes, sabe a ciencia cierta cómo se despertó el gusto por el arte de Cúchares, lo que todos sí recuerdan es al profesor Enrique Marmolejo, docente de artística del colegio Fray José Joaquín Escobar como el gestor de una obra que es símbolo de la localidad.
Alonso Barahona, monitor cultural de la alcaldía, narró en diálogo con EL TABLOIDE que en la construcción de la plaza intervinieron los alumnos del mencionado colegio que cumplían con las horas de práctica ayudando a la excavación en el terreno.

“Luego los alcaldes de la época decidieron apadrinar la obra hasta dejarla terminada” dijo Barahona.
Durante muchos años, Toro se convirtió en el punto de encuentro de los amantes del arte taurino que llegaban del Eje Cafetero y el norte del Valle para disfrutar de las corridas que presentaban a exponentes de talla nacional.
También son recordados los espectáculos de los Enanitos Toreros y su show cómico musical que divertía a grandes y chicos.
Además, y por iniciativa de los ganaderos de la región, se hacían las famosas corralejas con vaquillas y toreros espontáneos que arriesgaban su vida y de paso le arrancaban la risa a los asistentes.

Uno de esos toreros ocasionales fue José Danover Villada Gaviria, quien hoy labora en la empresa de aseo de la población.
“Una vez que estaban presentando la llamada Familia Castañeda me empujaron al ruedo y en ese momento se vino ese toro y no recuerdo más, pues cuando desperté me llevaban al hospital y le preguntaba al amigo que iba conmigo: ¿Ve, le apuntaron la placa a ese camión? recuerda el hombre en medio de una carcajada monumental.
Un sondeo realizado por este medio entre algunos pobladores deja entrever que extrañan las tardes de sol y sangre en la arena, pues de alguna manera las corridas llevaban alegría y rompían la monotonía de la localidad que en 1632 recibió el título de municipio y junto a Cali, Anserma, Cartago, Buga y Caloto hizo parte de las llamadas ciudades confederadas que en 1811 se levantaron contra la corona española.

Se transforma

Desde su llegada a la alcaldía, el médico Julián Antonio Bedoya se propuso darle un cambio de uso a este inmueble, pues es un abierto defensor de los animales.
Como parte de esa tarea se emprendió la restauración del lugar adecuando sus instalaciones y convirtiéndolo en el Centro Cultural “Enrique Marmo-lejo”, en homenaje al educador que lideró la construcción de la Plaza de Toros Santa Helena.
“Esta administración le está apostando al fortalecimiento de la cultura en todas sus manifestaciones y la verdad es que Toro no contaba con escenarios para las actividades artísticas y recreativas” precisa Alonso Barahona.

Esta foto de archivo, tomada en una tarde de toros, demuestra la pasión que despertaba el arte taurino en en esta región del norte del Valle.

“Es un acierto del alcalde Julián Bedoya el haber cambiado la plaza pues no se puede tolerar el maltrato a los animales y eso de los toros no es bueno, da pesar de los animales” comentó una ciudadana consultada sobre el particular.
“Uno de los proyectos que tiene el mandatario es ponerle una especie de domo o techo a la plaza para que quede lista y así atender todo tipo de espectáculos que realice la administración o monten particulares”, indica el funcionario.
Al ser consultado sobre la aceptación que ha recibido la iniciativa, Barahona precisa que la gente cuando se anunció el cambio no se opuso y el día de la reapertura hubo lleno en los tendidos.
Este lugar que está construido bajo la sombra de cuatro samanes gigantes, que extienden sus ramas como abrazando el redondel, es sin sin duda un punto de referencia de este territorio que hoy goza de paz y tranquilidad e invita a quedarse para ver el tiempo pasar.

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