“…Es urgente crear un programa de formación en el respeto al otro, en la solidaridad con los indefensos…”.

En Colombia desde la aparición de la riqueza propiciada por el narcotráfico y todas las formas de ilegalidad enlazadas a este fenómeno, se ha fortalecido en nuestras ciudades el crecimiento de una clase media que utiliza cualquier situación para obtener beneficios económicos por parte del Estado o de las organizaciones privadas donde suelen prestar sus servicios personales. Desafortunadamente su mejoramiento en la escala social es directamente proporcional a su falta de valores y a un enfermizo resentimiento que tiene características patológicas.

Sus hijos, mejoran en su capacidad competitiva, son profesionales o estudiantes universitarios, pero no en el aprendizaje de reglas sanas de convivencia, ni en el respeto por sus semejantes, y como se han convertido a las iglesias reformadas, donde el valor primordial que los pastores proclaman es la obtención de riqueza, a costa inclusive de mínimos valores éticos, no hay por allí un verdadero interés en propiciar una vida individual y colectiva con base en los más elementales principios de honestidad y decoro.

Como además carecen de cualquier pensamiento crítico, son fácilmente manipulables y obedientes a quienes consideran sus benefactores. Por eso grupos políticos los utilizan como fuerza de choque contra sus oponentes, haciéndoles creer que son sus enemigos.

Es urgente elaborar desde la educación y desde los cultos con formación humanística, léase lo que dice el obispo Bergolio al respecto, un gran programa de formación en el respeto al otro, en la solidaridad con los indefensos, niños, ancianos, desamparados y un gran etcétera, ya que los objetivos de hoy son los contrincantes políticos, mañana pueden ser los migrantes venezolanos y pasado mañana cualquiera que no se ajuste a las pretensiones autoritarias de sus líderes.

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