Literatura y tragedia

..En la Colombia contemporánea existe la posibilidad de que acontezcan hechos como los descritos en  laureados textos…”.

Harold Mora Campo

Harold Mora Campo

En un pequeño poblado del Caribe contrae matrimonio un millonario recién llegado al lugar, con una señorita de la región. Después de celebrar la unión, al intentar consumar la noche de bodas, el marido descubre que su esposa no es virgen, hecho que motiva que devuelva a la chica a casa de sus padres. La mujer acusa de su desliz a un vecino llamado Santiago Nassar. Los hermanos de la novia en defensa del honor familiar, anuncian al pueblo que matarían a Santiago. Casi todos se enteran, excepto el pobre Santiago, quien descubre esto instantes antes de morir. En efecto, los citados hermanos matan a Santiago en la puerta de su casa, ante la mirada atónita de la gente que no quiso o no pudo hacer nada para evitar el crimen. Esta breve referencia al libro “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez, no solo relata un fatídico crimen de común ocurrencia en este país, sino que pone de presente que en la Colombia contemporánea siempre existe la posibilidad de que acontezcan hechos como los descritos en el laureado texto.
Sucesos como los relatados, en un escenario diferente, refieren que a finales de 1985, el municipio de Armero, fue cubierto por una monumental avalancha de lodo y rocas, que lo convirtió en un cementerio de más de veinte mil personas. Esta tragedia fue anunciada por algunos expertos y de manera reiterada por el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, sin que nadie hiciera caso al clamor de su palabra. La mencionada situación se narra posteriormente en su novela “Los sordos ya no hablan”. Dicho literato describe cómo entre enredos burocráticos se pasaron por alto sus columnas de opinión y sus reiteradas advertencias. De manera similar, al menos desde la década de los 80, algunos estudios evidenciaban la necesidad de proteger a la población del Putumayo -especialmente a la de Mocoa-, de una tragedia inminente. Casi tres décadas después, sistemáticamente, desde 2015 a la fecha, un congresista ha venido pidiendo ayuda en materia de prevención de desastres para Putumayo, ante un eventual desborde de algunos ríos que atraviesan dicho territorio. Infortunadamente, el pasado viernes, la noche de Mocoa se partió en dos tajos de oscuridad, con ocasión del desbordamiento de tres ríos, con la consecuente avalancha, que el último día del mes de marzo dejó más de trescientos muertos, decenas de heridos y cientos de damnificados en la capital del Putumayo.

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