Para lograr esta obra ligada a la historia de la Tierra del Alma fue necesario el concurso de muchos ciudadanos.

Desde el cerro de El Calvario, donde majestuosas se levantan las tres cruces, se puede tener una mirada panorámica del Roldanillo y en días de intenso verano de buena parte de la geografía norte vallecaucana. Un sitio para conocer y disfrutar.

De acuerdo con los apuntes que perduran en la memoria de Álvaro Salcedo Quintero, el origen de las tres cruces que se levantan majestuosas en el sector norte de esta población vallecaucana se remonta a los años 1953-1954 cuando por iniciativa del sacerdote Tobías Henao, que regentaba los destinos de la parroquia de San Sebastián, se decidió rendir culto a este símbolo cristiano.

Relata este hombre en el que reposa gran parte de la historia de la llamada Tierra del Alma, que en esa empresa se embarcó un grupo de aprendices de la construcción conformado por Arturo Salcedo Quintero, Diomedes Rengifo, Damián Escarria y Adolfo León Gómez y quienes fueron guiados por el maestro Marco Fidel Rojas, un aventajado en estas lides.

Para levantar las tres estructuras se recurrió a una minga donde los estudiantes de los grados cuarto y quinto de la escuela Francisco Antonio Zea, que funcionaba en los predios que hoy ocupa la granja, jugaron un papel importante al corresponderle la nada fácil tarea de subir a la obra los materiales necesarios para la ejecución.
“Guiados por los profesores José Manuel Valencia y Darío Pandales Villafañe, nosotros le llevamos desde el pie de la colina ladrillos, piedras, agua y otros insumos que nos pedían los constructores” dice Salcedo Quintero, quien también hizo parte de ese grupo de ayudantes voluntarios.

Dato: Las tres cruces de El Calvario son símbolo de la fe católica de los roldanillenses y es punto de oración.

Agrega que lo mejor de esa tarea era el premio porque por cada viaje que subían les daban dos bananas y la meta de cada uno era entregar en el sitio al menos diez viajes para de esa manera mejorar el premio.
“Éramos jóvenes de 13 o 14 años, pues en esa época entrábamos grandecitos a la escuela pero no había pereza y trabajamos con gusto y no importaba que tener escalar a la cima una y otra vez pues entendíamos que era obra para todos los roldanillenses” comenta este hombre que es amante de la historia y coleccionista de piezas precolombinas.
Las tres cruces que desde el monte de El Calvario vigilan silenciosas a la tierra de Omar Rayo y el poeta Villafañe miden entre cinco y seis metros de alto y fueron construidas en concreto y desde lejos se aprecia su blancura que en verano contrasta con los rayos del sol.

Punto de referencia

Las tres cruces o Monte de El Calvario, es el punto de encuentro de los católicos roldanillenses que suben al cerro el viernes santo para el rezo del viacrucis y también el tres de mayo en el día de la Santa Cruz.
“Es una tradición muy bonita que por fortuna se conserva como parte de esta religiosidad propia de los roldanillenses que se han encargado de transmitirla de generación en generación” precisa Salcedo Quintero. Justamente a lo largo de la carretera que se construyó para dar acceso al monumento se ha adecuado una vía que permite subir en un vehículo tipo campero, en moto o bicicleta, se han demarcado las estaciones o pasos que vivió el Nazareno y que culminó con su muerte en lo alto de El Calvario o El Gólgota, tal como lo rezan los evangelios.

El deporte, otra alternativa

Este sitio emblemático de la localidad es también el predilecto para los amantes del deporte y sus senderos son usados por los profesores que llevan a los estudiantes caminando hasta el lugar, los adultos que hacen sus ejercicios rutinarios y los jóvenes que gustan de actividades más extremas.
Esos usos no sólo son diurnos, pues también de noche cuando la iluminación está en buen estado, hay quienes acostumbran a subir usándolo además como mirador pues desde ahí se aprecia en toda su magnitud el territorio roldanillense.
Al ser consultado si la idea de levantar las tres cruces surgió como una manera de copiar las existentes en Cali, el historiador roldanillense asegura no tener certeza sobre ese aspecto, pero sí señala que seguramente la motivación pudo ser la misma de Fray Juan y Fray Vicente Cuesta, dos religiosos franciscanos que el 3 de mayo de 1837 subieron al cerro tutelar de los caleños llevando tres cruces para orar al Altísimo por la recuperación de la naciente Sultana del Valle.
“Creo que el padre Tobías Henao pudo haber mirado hacia el cerro de El Calvario e imaginar que allí se podría levantar un monumento que rindiera homenaje a este símbolo de la fé católica y de paso implorar la protección para sus fieles”comenta.
“Es claro que 63 años despúes este propósito del sacerdote se cumplió, pues hoy este sitio sigue siendo la referencia de fe más importante de esta tierra” añade.

Hace falta cultura

Durante la visita de EL TABLOIDE al cerro se pudo apreciar como algunas personas han tomando la costumbre de dibujar, grafitear y ensuciar con contenidos poco santos las blancas estructuras lo que ofrece un mal aspecto para los turistas que llegan hasta el lugar.
Frente a este tema, los vecinos de El Calvario le están exigiendo a las autoridades que se implementen operativos en el sector, porque además de los daños que se hacen hay presencia de consumidores de alucinógenos que generan una sensación de inseguridad a quienes usan el lugar para el tema recreativo.
Otros habitantes por su parte consideran que el municipio debería trabajar en la adecuación de los accesos al lugar para que el sitio se fortalezca como un punto turístico de la población, tal como sucede con otros sitios similares en el país.

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