“…No es justo estén sembrando el pánico en donde saben que las autoridades no los esperan…”.

Ahora resulta que las llamadas barras “bravas” del fútbol colombiano se nos están convirtiendo en un dolor de cabeza para todas las poblaciones por donde pasan cuando se dirigen a cualquiera de los estadios del país para presenciar el partido correspondiente contra uno de sus rivales y siembran el miedo y el terror a donde quiera que se dirigen. La semana pasada, a su paso por la vía que de Tuluá conduce a Buga, decidieron asaltar y saquear una rapitienda de una estación de Terpel sin que nadie pudiera hacer nada por evitarlo dada la astucia, sagacidad y violencia de estos individuos.

Así mismo a los aficionados les ha dado por situarse a lado y lado de las calles de las ciudades por donde pasan, a pedir dinero a los conductores y lo hacen con una actitud que parece obligatorio obedecer a sus requerimientos inmediatistas y realmente hasta producen miedo porque también pareciera que no les gustara para nada si encuentran una respuesta negativa y en consecuencia el temor se apodera poco a poco de los cientos de personas que viajan tranquilamente en las ciudades intermedias del país. Es importante que las autoridades tomen cartas en el asunto de inmediato, antes que se agrave el problema y los hechos se conviertan en un conflicto de orden público puesto que llegará el momento en que la gente no aguanta más y ya será demasiado tarde.

Es común que en nuestro medio, se dejen crecer los problemas y se convierten en una bola de nieve a punto de causar una tragedia porque las autoridades correspondientes no toman las medidas preventivas a su debido tiempo. Todos conocemos las dificultades que han tenido para las autoridades y directivos del fútbol, solucionar los problemas ocasionados por la actuación insoportable de estos aficionados en los estadios del país, las mal llamadas “barras bravas” y las consecuencias nefastas que han traído sus hechos violentos, tal como la sanción a los estadios y por consiguiente las de limitar el disfrute a los verdaderos aficionados al deporte más popular del mundo, lo cual no tiene ninguna justificación.

Y ahora que les han puesto freno se dedican a molestar permanentemente a los conductores a la hora y sitio que bien les venga en gana. Pues bien, es el momento de que las autoridades tomen cartas en el asunto y tomen las medidas necesarias antes de que sea demasiado tarde. No es justo que estos aficionados estén sembrando el pánico en donde saben de antemano que las autoridades no los esperan, no están presentes porque por supuesto ignoran sus maniobras oscuras y tenebrosas.

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