El Tabloide

La punta del iceberg

“…Este puente está siendo deteriorado por el óxido desde hace mucho tiempo…”

El municipio de Tuluá necesita una revisión de su infraestructura para mantenimiento, personal que se preocupe no solo por hacer nuevas obras, sino que también se garantice la seguridad de sus habitantes al utilizar las que han sido llevadas a cabo desde hace muchos años.

¿Qué sucedería si no se hace el mantenimiento a las vías, puentes vehiculares y peatonales? La respuesta es muy simple; un día aparecerá el municipio en primera plana de los noticieros a nivel nacional debido al colapso de alguno de ellos en busca del responsable por omisión en la prevención de accidentes o siniestros que se pudieron evitar a tiempo o mínimamente una demanda millonaria contra el mismo.

Por un lado está el puente peatonal que cruza la carrera cuarenta a la altura de la Clínica María Ángel, uno de los más usados, con un índice de 17 peatones por minuto en hora pico, o sea, 1.020 en promedio por hora. Este puente está siendo deteriorado por el óxido desde hace mucho tiempo, tanto así que una de sus columnas, la del lado derecho de la vía en sentido norte; ha perdido parte de la soldadura que la une contra la base del cimiento. Los pasamanos están corroídos por falta de pintura que los proteja contra la intemperie y de continuar así, podría colapsar en algunos años.

Por otro lado está la carrera 23 a la altura del barrio Maracaibo, desde el parque hasta la calle 14 donde está el colegio Alfonso López Pumarejo. Esta vía es la más transitada de Tuluá después de la Sarmiento y la calle 25. Es paso casi obligado para los residentes de todos los barrios ubicados hacia el norte como El Jardín, La Graciela, El 7 de Agosto y Bosques de Maracaibo, entre otros. Como decía, para la carrera 23 urge un mantenimiento que coadyuve a la movilidad pues hoy los vehículos transitan por la izquierda como si se tratase de una calle en Inglaterra, el que desee adelantar, si se atreve, debe hacerlo por la derecha, con el riesgo de averiar su transporte o de accidentarse si se trata de una motocicleta, puesto que su irregularidad puede desequilibrar a cualquiera. ¡Ya ha pasado muchas veces!

Barrios como el Alvernia también requieren de un mantenimiento vial, pues, están en tan mal estado que la gente ya ni siquiera se siente atraída a utilizar las carreras 32 A y 33, desde la calle 21 hasta la 26; una es la que sube hasta el CAI de la Policía, y la subsiguiente en el mismo tramo más sus calles de acceso, la 22 y 23. Están horribles. Hay un hundimiento casi tan profundo como el de la transversal 12 justo después de la carrilera. ¿Será que los residentes de esas zonas no pagan impuestos ni tasas por movilidad vehicular? Lógicamente que sí. Pero, como ya lo dije, hace falta quién se apersone del mantenimiento de todo ello.
j.c.sanmond@gmail.com

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