“…ahora que estoy en el séptimo escalón, me explico mejor las características de los adultos mayores …”.

Cuando era joven y de eso hace ya mucho tiempo, pensaba que no iba a envejecer, ahora que estoy en el séptimo escalón, me explico mejor las características de los adultos mayores que veía en esa época, a veces con desdén y cierta ironía.

Estos son algunos de los síntomas, la comida se comienza a caer al trasladarse del plato a la boca, se ensucia entonces la camisa, los pantalones y por supuesto el suelo; en el momento menos esperado, se muerde la lengua; cuesta más trabajo levantarse de un sillón bajito, siempre busco uno alto y duro para sentarme en cualquier lugar; cuando voy a hacer fila para ser atendido en salud, cargo mi propia silla, pues no aguanto mucho rato de pie; comienzan a aparecer las manchas en la cara y las manos y para ocultarlo me unto una mezcla de concha de nácar y miel de abejas; estoy pendiente de cuanto remedio natural aparece en las redes sociales, sea para el dolor de espalda, mejorar la visión, el oído y la memoria; estoy haciendo mándalas, leo el máximo tiempo que puedo, me da sueño a los pocos minutos; duermo escasas cinco horas; esto del sueño no me preocupa, porque recuerdo a mi padre, que se sentaba en la cama con un termo de tinto al lado y un tabaco para toda la noche; me toca cuidarme de la presión arterial, el consumo de azúcar y la próstata.

Tomo aceite de hígado de bacalao, que me mantiene con energía suficiente para llevar a mi hija de cuatro años al jardín y por supuesto que me mantiene vivo, gracias a Dios.

Igualmente, me cuesta más trabajo trasnochar, quiero estar lo más pronto posible en la casa y evito a toda costa la bulla, las fiestas ruidosas, aunque todas lo son; me aparté de toda reunión social. Y para mitigar el estrés me dedico a cultivar algunos alimentos en mi huerta casera. Es una actividad alentadora, sanadora y cautivante en donde profundizo en el milagro de la naturaleza y de la tierra, miro el cielo azul y el sol esplendente y doy gracias a Dios por conservarme la vida y disfrutar esta última etapa haciéndole atajos a la vejez que me dicen, se llama “juventud acumulada”.

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