“…De verdad que es muy preocupante que la gente no escuche ni haga caso de las campañas que advierten sobre el grave peligro del uso de toda clase de este elemento…”.

A la fecha el Valle del Cauca lidera la cifra del número de quemados por el uso de la pólvora en esta época decembrina y preocupa que se eleve con motivo de las fiestas de fin de año, lo cual en nada favorece la imagen de la región, antes por el contrario, pone en la picota pública, tanto las fallidas e intensas campañas oficiales, como la responsabilidad que deben tener los padres de familia en el cuidado de sus hijos y la vigilancia y control de las mismas autoridades, en la producción, venta, comercialización y distribución de la pólvora.

De verdad que es muy preocupante que la gente no escuche ni haga caso de las campañas que advierten sobre el grave peligro del uso de toda clase de este elemento. Que a primera vista pareciera inofensivo, pero que se ha convertido en un dolor de cabeza para las autoridades que deben velar por el cuidado de la vida, la integridad física y el bienestar de los asociados. Si bien es cierto que el manejo de estos explosivos ha sido reglamentado cada año por las alcaldías, también lo es, que quienes están interesados en su producción y venta, hacen caso omiso de la ley, como también la gran mayoría de padres de familia y los propios hijos que se sienten atraídos por el espectáculo y la falsa alegría que sienten al observar sus colores, estallidos y ruidos estruendosos que realmente son peligrosos y así se comprueba actualmente por las cifras bastante conocidas de personas, especialmente jóvenes, que se encuentran en los hospitales y que obviamente causan dolor a su familia, en un tiempo que debería ser de regocijo, alegría y júbilo.

Vale la pena que las autoridades replanteen las medidas hasta ahora tomadas y que se repiten casi calcadas todos los años por los respectivos alcaldes municipales, sin que produzcan los resultados esperados por todos, que no es otro que no se presente un solo accidente por el manejo y uso de los detonantes utilizados presuntamente para alegrar las fiestas decembrinas. Pero es una costumbre que hasta hace pocos años no ofrecía mayores peligros, tal parece que existía más responsabilidad entre los padres de familia, pero como ahora ya no existe la familia y los hijos son criados por los abuelos, tíos y tías, mientras las madres trabajan en el exterior, ya el niño crece bajo una permisividad que no tiene límites y la autoridad paterna brilla por su ausencia lo cual conduce lógicamente a la desobediencia, no solo en el seno de la familia, sino en la escuela, los colegios y ni qué decir en las universidades.

Estamos ante una generación de desobedientes desde la célula básica de la sociedad y en consecuencia estamos muy cerca de la anarquía de los hijos a quienes hoy se les reconoce muchísimos derechos, pero tal vez, pocos deberes y allí está el meollo del problema. Inculcar los deberes de los hijos como de los padres de familia es una tarea urgente, necesaria y permanente, en las instituciones educativas, de lo contrario se continuará en un círculo vicioso que no tiene fin; los unos echándoles la culpa a los otros, en una justificación sin fin de una y otra parte. A las autoridades les compete extremar las medidas de protección a la comunidad en general, sin importar las justificaciones, que siempre existirán, pero sobre todo debe primar el derecho a la integridad física, la salud y la vida, por sobre cualquier cuestionamiento por muy justo que a primera vista pareciese.

Por lo tanto, queremos ver en la calle a las autoridades de policía, enseñando, educando, formando, sobre el peligro del uso de la pólvora. No más consideraciones subjetivas. Basta ya. No más quemados.

También te puede interesar:   ¿Por qué matan a los menores?
Compartir: