“…Hoy, la tecnología en su más alto nivel, permite que en un instante se caiga en la mentira, la injuria, la calumnia y cualquier otra bajeza de la conducta humana, para desprestigiar al contrincante…”

Hasta hace pocos años, la campaña electoral en nuestro país era una fiesta multicolor cuando los partidarios de uno y otro aspirante a los cargos públicos salían a las calles blandiendo pancartas, banderas, pendones y entre música y arengas, repartían afiches y programas de sus preferencias. Eran aquellos tiempos en donde aún no había ingerencia de los llamados recursos ilícitos, cuando había ley seca pero se bebía uno que otro trago de licor a las escondidas, cuando se discutían programas e ideas entre los candidatos sin llegar al insulto, la calumnia y otras modalidades del lenguaje grotesco, sino que por el contrario se respetaba a la persona mientras que el idioma castellano se enriquecía con los gracejos que ingeniosamente se utilizaban.

Hoy, la tecnología en su más alto nivel, permite que en un instante se caiga en la mentira, la injuria, la calumnia y cualquier otra bajeza de la conducta humana, para desprestigiar al contrincante sin que se apoye en pruebas contundentes para hacerlo. Basta con conocer el twiter, facebook, whatshapp, gmail, etc., etc., etc. Y el medio moderno de comunicación se ha convertido en un instrumento mediático sin control por parte de las autoridades, no existe legislación actual que pueda dar respuesta correcta y práctica a quienes sufren las nefastas consecuencias de una ligereza mental y torpe de cualquier persona en algún lugar del
mundo.

Los cientos de casos que estamos viendo diariamente nos dan la razón y se está perdiendo a pasos agigantados el verdadero objetivo de las jornadas electorales, el profundo sentido de responsabilidad de los participantes en un momento determinado de la historia cuando se les convoca para decidir sobre el presente y futuro del país, que no es poca cosa, sino que se eligen a quienes orientarán el crecimiento económico, social y político de la gran comunidad nacional y en consecuencia su bienestar, su seguridad y confianza en el sistema que hasta hoy nos rige, así con todos sus errores.

Sabemos que los seguidores de los aspirantes a los cargos públicos apoyan y continúan esgrimiendo entre sus vecinos las consignas que nacen de sus propios líderes y esta es la importancia de poner en orden, en sana crítica y moderación en el lenguaje a todos. Es prioritario pensar antes de escribir, meditar en qué país queremos vivir, abandonar las ligerezas en las palabras, pero especialmente y urgentemente no mentir. Colombia necesita que la sensatez prime en los modernos medios de comunicación para que el pueblo no continúe siendo engañado por unos pocos privilegiados que tienen acceso directo a los mismos.

Se vive actualmente un clima de desconfianza total, porque la mentira ronda en el medio ambiente político, económico y social. Por lo tanto, es necesario tener conciencia crítica, estar muy bien informado para no caer en los tentáculos de las redes sociales y no dar por cierto todo lo que puede introducirse en ese pequeño adminículo que se ha inventado para la comunicación e información de la verdad y no de la mentira. El pueblo todo clama para que se recupere la lucidez, la belleza del lenguaje, la manipulación correcta de los modernos medios de comunicación y la alegría en la contienda electoral.

Ante la incredulidad creada por afirmaciones ligeras, vanas e inocuas, se debe proponer por una nueva conducta ética en las campañas electorales en donde se respete al pueblo que se quiere gobernar porque lo que hasta ahora vemos son insultos, improperios, calumnias e injurias que en nada ayudan al sostenimiento de la democracia. Si no cambian sus actitudes, mayor será la desconfianza y estas circunstancias son muy bien aprovechadas por los que manejan al dedillo las modernas tecnologías de la comunicación.

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