De una gran riqueza agrícola y turística, La Marina ha venido alcanzando un lugar en el concierto regional.

Desde su fundación, La Marina ha venido creciendo de manera acelerada, al punto que Tuluá, su cabecera municipal, se surte de gran parte de su potencial agrícola y ganadero. Otro de sus atractivos es el turismo que ha venido ganando espacio en el ámbito regional.

El domingo 14 de enero, cuando muchos de los casi 3 mil habitantes que posee el corregimiento La Marina apenas estén saliendo del guayabo de las Fiestas de Reyes, serán pocos los que recordarán que fue justamente en esa fecha en que Alfredo Cortázar Toledo decidió bautizar, con una misa, el pueblo que hoy se erige como uno de los más importantes y prósperos del Valle del Cauca.

De ese episodio han pasado ya 57 años, cuando Cortázar Toledo, rico terrateniente de La Mesa, Cundinamarca, llegó a Tuluá en busca de nuevos horizontes, y se enamoró de La Platina, extensa hacienda agrícola y ganadera de propiedad de los herederos de Jesús Sarmiento y María Lora de Sarmiento.
Decidido a poblar ese amplio terreno situado en clima templado y a poco más de 15 kilómetros de Tuluá, Cortázar regresó por su esposa, Ana Díaz, y sus hijos Marina, Alfredo, Augusto y Leopoldo quienes se establecieron en la mitad de La Platina, que Cortázar conservó como hacienda, mientras que la otra mitad la vendió a Joaquín Rodríguez.

El nombre de su hija

Poco a poco se fue iniciando la población de las tierras con Cortázar, Rodríguez y algunos nuevos colonizadores quienes, aprovechando la planicie a orillas del río Morales, comenzaron a construir las primeras viviendas en guadua y bahareque y algunos negocios como fondas y pequeños comercios.
Según Joaquín Paredes Cruz, en su libro Tuluá ayer y hoy, fue el 14 de enero de 1940, cuando ya el poblado estaba en crecimiento, que Cortázar Toledo decidió bautizarlo con el nombre de La Marina, en honor a su hija mayor que justamente ese día cumplía 14 años.
Paralelamente, Cortázar inició la siembra de arroz en La Platina, lo que atrajo un importante número de trabajadores que, ante el agradable clima y la oportunidad laboral, alentados además por el hacendado, empezaron a construir sus viviendas ampliando de manera gradual el nuevo pueblo.
Su crecimiento pobla-cional hizo necesaria la instalación de autoridades, por lo que en 1941 se creó la Inspección de Policía Departamental, siendo su primer inspector Jesús Ramos, nombrado directamente por el gobernador Alonso Aragón Quintero.
Tras la muerte de Alfredo Cortázar Toledo, las banderas para que el poblado no perdiera su vigor, las asumió su hijo menor, Leopoldo, quien donó los lotes para la construcción de la Institución Educativa La Marina y el Centro de Desarrollo Rural así como el lote para la cancha de fútbol.

Atractivo turístico

Hoy La Marina, conocida en el departamento como La Niña Consentida del Valle, se erige como un corregimiento donde habita el progreso y sus gentes se destacan por la laboriosidad en las faenas agrícolas.
Entre sus fortalezas productivas se encuentran el ganado, los cultivos de café, maíz, plátano y hortalizas, gracias a las bondades de su clima.

La Marina es uno de los 24 corregimientos de Tuluá, cuenta con importantes veredas como La Colonia, El Brasil, El Brillante, El Chuzo y El Diamante, esta circundado por el río Morales que, los propios habitantes del poblado han convertido en atractivo turístico, desprendiéndose una serie de balnearios que muchos centrovallecaucanos usan cada fin de semana.
Su cabecera municipal es Tuluá, de la cual dista 15.5 kilómetros por carretera pavimentada, está situada a 1200 metros sobre el nivel del mar, lo que le permite disfrutar de una agradable temperatura promedio de 23 grados centígrados. El último censo poblacional indicaba que tenía 2806 habitantes en todo su territorio.
Hoy, cuando ya se cumplen 57 años desde que Alfredo Cortázar Toledo llegó a sus tierras, son muy pocos los que conocen de todo cuanto hizo este abogado que, quizás cansado del frío del altiplano cundinamarqués, decidió cambiarlo por el cálido clima vallecaucano para darle vida a La Niña Consentida del Valle.

Líder cafetero

Alfredo Cortázar Toledo nació en La Mesa, Cundinamarca, en 1890 y, tras graduarse como abogado en 1918, cursó Ciencias Políticas en la Universidad de Columbia en Nueva York.  De regreso al país, se instaló como secretario y consultor jurídico de la Policía Nacional. Más adelante ocupó la jefatura del Departamento de Inmigración y Colonización.

En virtud de sus estudios sobre el cultivo del café en el país, fue llamado en 1927 como representante del gobierno nacional el Primer Comité Nacional de Cafeteros donde se creó la Federación Nacional de Cafeteros, siendo Cortázar Toledo su primer gerente, cargo que ejerció hasta 1930, siendo el artífice para las consolidación de las bases institu-cionales del organismo. Poco después fue cónsul en Brasil de donde regresó para fundar La Marina.

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