La inseguridad no disminuye

“…abigeato se ha disparado en forma alarmante y en consecuencia tiene en ascuas a los ganaderos de la región que ven cómo se esfuma su trabajo…”

Los altos mandos militares y de policía adelantaron una correría por el Valle del Cauca para dar a conocer los resultados de sus acciones en contra de la delincuencia y al mismo tiempo escuchar a los mandatarios regionales y locales acerca de sus inquietudes sobre la inseguridad que se vive actualmente en el centro y norte de la región.
Si bien es cierto que dieron un informe positivo en relación con la disminución de los homicidios en lo que va corrido del presente año, posiblemente como consecuencia de los acuerdos de paz firmados con la guerrilla de las Farc-EP ahora desmovilizados, también lo es que la inseguridad ha crecido vertiginosamente y es así como se asaltan fincas ganaderas, supermercados, empresas, oficinas de recaudo, se queman vehículos de transporte de leche, entre otros delitos que por su regularidad ya son costumbre escucharlos en los distintos medios de comunicación.
Ignoramos a ciencia cierta quiénes son los responsables de la ola de inseguridad que tiene atemorizados a la población de esta región vallecaucana y estimamos que son los organismos de seguridad y de justicia los encargados de establecer los responsables de las actividades delictivas que cada día se nota son de mayor sofisticación, tal como fue el caso ocurrido en la vecina ciudad de Buga, cuando los bandidos ocupando un vehículo al parecer blindado, asaltaron un conocido supermercado en el mínimo de tiempo posible y sin escucharse un solo disparo.
Y el abigeato se ha disparado en forma alarmante y en consecuencia tiene en ascuas a los ganaderos de la región que ven cómo se esfuma su trabajo y esfuerzo de años y años en un momento determinado quedando inermes y en manos de los hampones que hacen un daño irreparable así sean detenidos y posiblemente condenados por la justicia, porque la intranquilidad que siembran con sus fechorías casi que dura toda la vida, de tal manera que pierden hasta la confianza en el mismo sistema que los gobierna porque pareciera a primera vista que pueden más los que quieren el mal para nuestro país que aquellos que desean el bien trabajando día y noche por mejorar las condiciones de vida de todos los habitantes.
Nosotros no perdemos la esperanza que con el vicepresidente Óscar Naranjo a la cabeza del tema de devolver la seguridad al país,tal como se lo encomendó el propio presidente de la república,nos pueda dar en un día no muy lejano, una señal de victoria sobre la delincuencia que azota permanentemente a los habitantes de esta región para que todos podamos saborear un clima de verdadera paz y convivencia. No podemos dejar pasar nuestra preocupación por el rumbo que han podido tomar los cientos de guerrilleros que no quisieron acogerse al proceso de paz y a veces, nos atenemos a los rumores callejeros, que salen de la voz del propio pueblo, cuando afirman que muchas de esas personas, se dedicaron a formar otras bandas criminales para continuar con sus nefastos propósitos de continuar sembrando el terror por campos y ciudades sin importarles absolutamente nada la tranquilidad de la mayoría del pueblo colombiano que anhela crecer y prosperar de una forma digna, responsable y duradera.
No podríamos permanecer callados ante el clamor de un gremio que como el ganadero e inclusive el agrícola se encuentra entre el miedo y la desesperanza y se repite de nuevo la historia de querer emigrar a otros países porque aquí no encuentra la viabilidad para continuar trabajando en un clima de tranquilidad, seguridad y paz. Aunque sabemos y comprendemos que esta etapa denominada de postconflicto, es la más difícil y compleja por concretar los acuerdos firmados en La Habana, no podemos cruzarnos de brazos viendo pasar el entierro de las grandes expectativas anunciadas por el propio gobierno.

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