El Tabloide

Las Conchitas, un claustro de oración y servicio

La comunidad se fundó en Tuluá hace 85 años con 13 religiosas. El lugar que ocupan actualmente era un monasterio de los padres. Franciscanos quienes se lo vendieron por siete mil pesos , Ornamentos litúrgicos, mantelería, elaboración de hostias y de panes hacen las monjas para sostenerse.

El claustro también cuenta con una pequeña capilla donde se hacen servicios religiosos y se oficia misa de lunes a domingo a cargo del padre Saúl Obando Sáenz, párroco de la iglesia del Niño Jesús de Praga del bario Farfán.

Con algo más de 400 años de existencia en el país y cerca de 85 años de haber llegado a Tuluá, la Orden de la Inmaculada Concepción, conocida coloquialmente en la ciudad como Las Con-chitas, ya se ha ganado un espacio en el corazón de los tulueños por su vocación de servicio.

Fundada en España en 1484 por Santa Beatriz de Silva, una joven portuguesa que creció como dama de honor de la reina Isabel de Portugal, cuenta la historia que en una revelación de la virgen, esta le pidió que fundara una orden que le haga honor a su Inmaculada Concepción.

Según la hermana Cristina, una de las monjas de clausura que tiene la comunidad en la Villa de Céspedes, a Colombia llegó por Pasto hace 425 años luego de haber sido fundadas otras congregaciones en México y Ecuador.
«A Tuluá llegaron nuestras primeras hermanas, 13 en total, el 30 de octubre de 1933, llegaron por tren y según está documentado, la ciudad las recibió muy bien, hubo una eucaristía especial en el templo de San Barto-lomé con la presencia de las autoridades civiles y eclesiásticas y de inmediato se trasladaron a la casa que tenemos actualmente que en ese momento era un convento de los padres Franciscanos» señala la religiosa.
La primera obra desarrollada desde el mismo día que llegaron las primeras monjas fue la apertura de un sagrario para el Santísimo, estableciéndose a partir de entonces como un santuario de oración perpetua.

El claustro tam-bién cuenta con una pequeña capilla donde se hacen servicios religiosos y se oficia misa de lunes a domingo a cargo del padre Saúl Obando Sáenz, párroco de la iglesia del Niño Jesús de Praga del bario Farfán.

Decisivo apoyo
Posteriormente, con la ayuda del nuncio de la época, Paolo Giové, los Franciscanos venden el predio a las Concep-cionistas por siete mil pesos, en razón a que su propósito era construir un colegio y el sitio de la calle 29 con carrera 27 no les era lo suficientemente grande.

En aquel momento llegaron 13 religiosas, ocho con voto solemne y cinco postulan-tes. Ellas provenían de distintas regiones como Cundinamarca, Boyacá y Antioquia, recuerda la hermana Cristina.
«Fue justamente el nuncio Paolo quien direccionó a nuestra congregación hacia Tuluá por cuanto él ya había estado poco antes aquí y notó que a la ciudad le faltaba calor espiritual y un centro de oración» añade.
A partir de entonces, las religiosas concepcionistas iniciaron un proceso de sostenimiento del monasterio, observado siempre sus votos de estricta clausura con dedicación especial a la oración contemplativa.
No obstante, el mantenimiento del claustro requería recursos económicos, por lo que se empezaron a idear actividades que dejaran dividendos.

Unidades de negocio
«Comenzamos a elaborar hostias para las parroquias de la ciudad y con esto nos fue bien al principio pero debimos complementar luego con otros trabajos productivos como la mantelería para los altares, los ornamentos litúrgicos y la restauración de imágenes así como otros oficios más caseros como la panadería más el almacén en donde se venden artículos religiosos. Con ello tratamos de sostenernos porque nuestros monasterios deben ser autosu-ficientes» sostiene la hermana Cristina.

Hoy, el claustro tiene nueve postulantes quienes, por espacio de siete años, se preparan en la vida sacramental, hacen estudios bíblicos y en torno a la historia de la orden así como también se trabaja mucho en la parte emocional, psicológica y afectiva. Posteriormente, una vez hacen la consagración, se trasladan a Medellín donde adelantan estudios más avanzados.
Así, sin protagonismo alguno, pasando casi desapercibidas para el resto del mundo terreno pero luchando siempre para no dejar caer la espiritualidad de hombres y mujeres, pasan sus días las hermanas Con-2chitas en Tuluá, haciendo un llamado a los tulueños para que les ayuden con sus pequeños negocios por cuanto son estos recursos los que les permiten sostenerse.

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