Fue el general José Leonardo Gallego Castrillón quien, como Director Nacional Antinarcóticos, hizo gestión para su construcción en Tuluá que demandó una inversión de dos millones de dólares aportados por Estados Unidos.

La imponencia de la Compañía Anti-narcóticos se evidencia en esta gráfica aérea. Cuatro helipuertos para el despegue y aterrizaje de sus helicópteros ocupan uno de los más amplios espacios de la base desde donde se despliegan las operaciones contra el narcotráfico.

Si de algo se debe sentir orgulloso José Leonardo Gallego Castrillón, el último general de la república que ha dado Tuluá, es de la Compañía Antinarcóticos Regional No. 4, pues fue gracias a su empeño y gestión ante los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, que se logró su construcción en la ciudad.

Su historia se remonta a 1997 cuando, ante el auge del narcotráfico en el país y, en especial en la zona occidental con el crecimiento del Cartel de Cali, la dirección de la Policía Nacional anunció la creación de sendas bases en varias regiones con fuerte incidencia en cultivos ilícitos y tráfico de estupefacientes.
Gallego Castrillón, quien oficiaba para la época como Director Nacional Antinarcóticos, no dudó en pedir a la institución que una de esas bases se construyera en su pueblo natal.

Una vez surtidos todos los trámites de rigor, se le dio vía libre a la propuesta y de inmediato se dispuso la destinación de siete hectáreas de terreno, pertenecientes a la Escuela de Policía Simón Bolívar para la construcción de la moderna base.

Para 1998 se iniciaron las obras de adecuación de suelos y remoción de tierra, lo que generó unas primeras voces de descontento en la población de la incipiente zona subnormal que mucho después se denominó Cienegueta y que hoy perdura vecina de las imponentes instalaciones policiales.

La historia agrega que el general Gallego Castrillón, en su gestión ante el gobierno de Estados Unidos, en ese momento presidido por Bill Clinton, consiguió una partida de dos millones de dólares, alrededor de 2.000 millones de pesos de la época, con lo cual se financió la totalidad de la obra.

Tras la adecuación de los terrenos, se abrió un amplio espacio para cuatro helipuertos con sus respectivos hangares y zonas de mantenimiento así como viviendas fiscales, campos de entrenamiento, áreas de uso específico y salas especializadas para desarrollar labores de inteligencia electrónica y satelital y capacidad para 300 hombres de la institución.

«La Compañía entró en funcionamiento finalmente en el año 2000 cuando fueron trasladados desde el Segundo Distrito de Policía del barrio Popular, todo el personal y los medios logísticos pues allá fue donde empezó la lucha contra el narcotráfico en nuestra región» señaló el teniente coronel Árlex de Jesús Escobar Bedoya, actual comandante de la Zona Occidente.

Desde sus inicios, su área de acción fue amplia pues abarca los departamentos de Chocó, Caldas, Risaralda, Quin-dío, Valle, Cauca y Nariño, lo que obliga a sus comandantes a mantener una tarea constante de viajes y operaciones a fin de no dejar decaer la lucha contra el narcotráfico.
Durante la ceremonia de i-nauguración, la nueva base antinarcóticos fue bautizada con el nombre del mayor Wilson Quintero Martínez, un hombre que entregó su vida en la lucha contra el narcotráfico, quien cayó en manos de las Farc, logró escapar para refugiarse en una casa cuyos ocupantes luego lo entregaron de nuevo a los subversivos que finalmente lo inmolaron.

La ceremonia inaugural tuvo lugar en los primeros meses del año 2000 con la presencia del presidente de entonces, Andrés Pastrana Aran-go; el embajador de Estados Unidos, Kurtis Kamman; el director de la Policía Nacional, general Luis Ernesto Gilibert Vargas, y el primer comandante de la Compañía, teniente coronel Gil-berto Villar Jiménez.

Con el paso de los años, la Compañía Antinarcóticos ha ido creciendo con la instalación de modernos laboratorios para comunicaciones y control de aeronaves de las cuales posee ocho helicópteros Huey-2 y dos Black Hawk en los que se patrulla permanentemente la zona que va hasta la frontera con Ecuador.
«La Compañía Antinar-cóticos No. 4 ha sido un bastión en contra de los grupos armados organizados y los grupos que delinquen en la región y que utilizaban a Tuluá como corredor estratégico desde las cordilleras Central y Occidental para su actuar criminal, usándolo como centro de acopio de sustancias estupefacientes y punto de asentamiento de bandidos dedicados al narcotrá-fico y al narcoterrorismo» precisa finalmente el teniente coronel Escobar Bedoya.

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