El trabuco, es la bebida insignia de los hateños y aunque se prepara en diferentes partes del Valle y del país solo el de La Unión tiene ese toque que lo hace especial. Alfredo Quintero he-redó de su hermana Luz Mila la habilidad para darle sabor a estos productos del mecato vallecaucano.

El litro de trabuco tiene un costo de siete mil pesos, y tiene una una duración de ocho días en refrigeración

Una de las delicias gastronómicas del Valle del Cauca y que pertenece al segmento del mecato se sirve en esta localidad del norte del Valle. Su nombre llama la atención pues al buscar su significado en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española se reduce a un arma de fuego más corta y ancha que la escopeta, que tiene el cañón ensanchado por la boca y que se usaba por los españoles que llegaron a conquistar el territorio americano.

El artefacto bélico no tiene nada que ver con el origen de la bebida que se prepara a base de leche, harina de trigo, azúcar, esencias y en algunos casos licor y que tiene al territorio hateño como su cuna, a tal punto que muchos la consideran como la más tradicional.

En esta localidad del norte del Valle, el trabuco tiene en Alfredo Quintero a uno de sus mayores exponentes y de hecho su fama ya trascendió las fronteras del departamento al ser uno de los invitados a Expo Maloka, evento que se desarrolló en Villavicencio y donde los colombianos de todas las regiones del país y los visitantes de la República Checa cayeron seducidos por el sabor.

Este hombre, quien desde hace 26 años lo prepara en compañía de su familia, cree que el secreto de su fórmula no está en los ingredientes que emplea, sino en el amor y la pasión con la que todos los días decide emprender su tarea.
De acuerdo con su relato las habilidades para preparar el trabuco, los pandebonos, pandeyucas, empanadas de cambray, panelitas y otros productos, las desarrolló al lado de su hermana Luz Mila, quien era famosa en Roldanillo por haberle dado vida al Leñador, un sitio donde la gente hacía cola para deleitarse con lo que ella vendía.

Fue justamente su hermana la que le dio uno de los secretos que aplica en Las Delicias del Pande, nombre que lleva su local y que funciona de lunes a domingo en la vía La Unión- La Victoria en cercanías al parador Grajales.
“Ella siempre me decía: “Si quiere que todo le quede bueno compre productos de primera calidad” afirma Alfredo y asegura que esa regla la aplica a rajatabla.

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Para mostrar que está cumpliendo cabalmente la recomendación de su hermana, invitó al equipo de EL TABLOIDE a recorrer su área de trabajo donde se percibe la pulcritud y aseo y orgulloso cuenta que productos como el almidón es puro y es extraído por cultivadores de yuca de la región.

“Para ninguno de los productos que aquí vendemos se usan conservantes y puedo afirmar que son cien por ciento naturales” añade este empresario.

La razón por la que los pandeyucas de Alfredo no son grandes y “soplados” es el uso de un almidón puro sin conservantes.

Hablemos del trabuco

Volviendo a la bebida que dio pie a esta historia y que como reseñamos inicialmente todo parece indicar tiene su origen en el norte del Valle, hay que decir que es el resultado de la mezcla de leche que debe ser de primera calidad pues de lo contrario se “corta”, harina de trigo, canela y el toque especial es el uso del hinojo pues en el caso de Alfredo no usa ningún tipo de licor.

“La gente puede arrimar acá a tomarse uno, dos o más vasos del trabuco y seguir conduciendo pues nunca le marcará positivo si es requerido en un operativo policial” afirma con certeza.

Luego de la mezcla esta se licúa y se monta al fogón por espacio de una 60 u 80 minutos, se baja, se pone en los recipientes para iniciar el proceso natural de enfriamiento y de manera posterior refrigerarlo.
Una de las claves para que el producto dure los ochos días que indica la fórmula es no probarlo a “pico de botella o del tarro” pues ahí sí se debe consumir cuanto antes.

El trabuco lo puede comprar en tarro de litro con un costo de siete mil pesos o si va de pasada lo puede tomar en el lugar y acompañarlo con otros productos que allí se ofrecen por solo dos mil pesos el vaso.

“Esto es algo curioso pues el que lo prueba se le vuelve casi una adición, a tal punto que toma y lleva para la casa” asegura Quintero quien orgulloso habla del trabuco, pandeyuca y pandebonos productos que le han permitido criar a su familia y vivir tranquilo viendo la vida pasar en una población que ha cambiado mucho, pero que conserva el gusto por lo tradicional.

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