Este panorama a todas luces desalentador lo sentimos aún más quienes vivimos en Tuluá, una tierra cuya economía gira en torno al comercio y donde reconocidos empresarios decidieron irse para escapar de la presión tributaria.

Llegó diciembre con su alegría, mes de parranda y de animación, donde se baila de noche y día y es solo juerga y diversión, esta melodía que ya se empieza a escuchar en las diferentes estaciones radiales del país es sin duda la mejor manera de graficar lo que para los nacidos en Colombia significa la llegada de la temporada de Navidad y fin de año, una época en la que todos nos preparamos para vivirlo con intensidad, cada uno desde sus justas proporciones.

La época decembrina marca entonces el comportamiento de las personas, se hacen presupuestos, preparativos y casi que sin darnos cuenta empezamos a preparar lo que queremos tener o hacer en el año que se avecina.
Pero sin duda los que aguardan con ansias el último bimestre del año son los comerciantes, quienes ven en la recta final la mejor posibilidad para recuperarse luego de meses difíciles donde las ventas no han sido las mejores como consecuencia de la baja sensible en el poder adquisitivo de los colombianos en todos los estratos.

Es por eso que hoy percibimos en este gremio nacional un aire de escepticismo frente a lo que pasará una vez se hagan los balances finales, pues resulta inevitable ver y sentir que la gente poco quiere saber del cuento navideño porque la plata que poseen y la que llegará por efectos de primas (quienes poseen esa entrada adicional) la tienen destinada para cubrir deudas, alimentación, servicios públicos y comprar los útiles escolares, pues a diferencia de otros tiempos, ahora tras la determinación de unificar los calendarios, ahora el inicio del año escolar se da en enero y febrero, hecho que ha impactado notoriamente el sector comercial.

Sumado a este factor aparece la pesada carga tributaria que afrontamos los que en este país hacemos empresa, carga que hoy, cual espada de Damocles se posa sobre el sector productivo de la nación como consecuencia de una reforma cuyos efectos nocivos ya se empiezan a notar con el cierre de establecimientos comerciales e industriales, reducción de nóminas y hasta desmejoras salariales.

Este panorama a todas luces desalentador lo sentimos aún más quienes vivimos en Tuluá, una tierra cuya economía gira en torno al comercio y donde reconocidos empresarios decidieron irse para escapar de la presión tributaria; agregando que en el caso de la Villa de Céspedes y tal como lo hemos analizado en editoriales anteriores, aparecieron cargas adicionales gracias a las facultades que el Concejo le dio al Ejecutivo y que hace más gravosa la carga a partir de la Reforma al Estatuto Tributario local.

No obstante a lo que hemos descrito, queremos hacer un llamado a los tulueños y a los que hacen parte de nuestra gran zona de influencia para que sigamos comprando en Tuluá y de esa manera ayudar a que el sector comercial vea en diciembre la oportunidad de resarcirse de lo vivido a lo largo de 2017.
De la misma manera abogamos para que la Navidad y su magia venga cargada de sensatez y el gobierno local se impregne de ella y entienda que es vital a través de un trabajo coordinado con Cámara de Comercio y Fenalco peatonalizar la calle Sarmiento como eje de la gran manzana comercial pues eso generaría un plus para este sector tan golpeado por las decisiones estatales.

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