“…además de expulsar de allí a los poetas, se dedicó a celebrar a diversos políticos como Roy Barreras…”.

La Casa del Poesía Silva se instituyó en Bogotá desde 1986 y bajo la presidencia de Belisario Betancur, en homenaje al poeta José Asunción Silva, quien pasó en esta vetusta edificación de La Candelaria los últimos años de su vida.

Dicho centro de cultura tuvo hasta el 2003 como directora a la poeta María Mercedes Carranza, cumpliendo ella un ejemplar papel como nervio y alma de un establecimiento que buscó y cumplió con el encargo de visibilizar, amparar y dignificar el trabajo de los poetas colombianos. Por ello la Casa Silva, no sólo se constituyó en un obligado lugar de encuentro de los poetas nacionales, sino que fomentó diversos eventos de carácter nacional e internacional que buscaban poner en un primer plano de la lengua española, la poesía hecha en Colombia.

Entre tales programas creó el Premio de Poesía José Asunción Silva para honrar las vidas de los poetas nacionales que merecieran ese homenaje, como en efecto ocurrió con los poetas Mario Rivero, Fernando Charry Lara, Héctor Rojas Erazo, Rogelio Echavarría y con el crítico y ensayista Hernando Valencia Goelckel.

Pero a la muerte de María Mercedes, la Junta Directiva de la Casa invistió como director al abogado Pedro Alejo Gómez iniciando con tan equivoca designación el progresivo desmantelamiento de la Casa, llamada recientemente por el poeta Juan Manuel Roca “una ruina espiritual” donde su director oficia como un “bedel de fantasmas”. Porque el mencionado jurisperito además de expulsar de allí a los poetas, se dedicó a celebrar a diversos políticos como Roy Barreras y Telésforo Pedroza al que le fue conferida el 6 de marzo pasado la condecoración José Asunción Silva, instaurada originalmente como reconocimiento a una vida dedicada a la poesía, como ya se dijo, siendo fulminado por la Justicia Poética que lo remitió el 11 de marzo siguiente, día de elecciones parlamentarias, al pabellón de los quemados.

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