“…hacer cumplir la ley en Colombia es el encargo mas desagradecido y más mal pago del mundo…”.

Desconocer que Colombia requiere con urgencia una serie de reformas que nos ayuden a salir de la desesperanza y descontento, es como negar que cada día hay más pobres y que el Dane es una caja de los sueños hollywoodenses donde se es rico con un ingreso de solo 250 mil pesitos al mes; el caso es que la principal reforma que merecemos con urgencia es la de la justicia, pues los actos de anarquía donde la ciudadanía de bien se la esta tomando por sus propias manos es un acto grave, pero a su vez es solo el resultado de una justicia amañada donde el bandido comete el delito con la confianza plena que no pagara más de 72 horas en un calabozo, y eso si está de malas y el juez avala bien el procedimiento de captura, pues hay que demostrar como primer paso flagrancia, segundo que se le hayan leído sus derechos, tercero que no lo hayan detenido con sevicia (si atacó con puñal debe ser suprimido con un arma acorde) y si el delincuente hirió a la víctima se entra a verificar si donde fue herido hay compromiso de un órgano vital, de no ser asi se puede decir que no hay conducta típica para causar daño y todo queda como un simple rasguño y el victimario no es considerado un peligro para la sociedad, por lo tal sale libre a seguir delinquiendo y desafiando a la fuerza policial que cada día es menos apoyada por que se cree que no es eficiente y eficaz, pero la realidad es que está maniatada por unas leyes garantistas con el victimario y con menos herramientas jurídicas para el cumplimiento de su misión constitucional, “hacer cumplir la ley en Colombia es el encargo mas desagradecido y más mal pago del mundo”.

¿Cuántos policías sancionados, destituidos y presos por cumplir con su deber? Ojalá la corte creada para estos temas cumpla con su función y dicte las garantías que requieren, si no bienvenidos a una nueva versión del oeste, donde la sociedad seguirá defendiéndose de los enemigos de su familia y de sus bienes, como parte natural del mundo en donde solo sobreviven los más fuertes. De nada sirven unas altas cortes robustas si no cumplen con el sagrado deber de proteger a la sociedad de bien y de juzgar con rigor a quien amenace el derecho sagrado a la vida, honra y bienes del pueblo colombiano.

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