El Albergue el Buen Samaritano presta atención preferencialmente a adultos mayores pertenecientes a los estratos 1 y 2, sobre los cuales el municipio de Tuluá otorga unos subsidios anuales provenientes de la estampilla proadultos.

La muerte, el pasado 6 de enero, del padre Hernando Palacios, trajo como primera consecuencia un asomo de crisis en el Albergue el Buen Samaritano del que el clérigo había sido su fundador y sostuvo hasta el último minuto de vida.
El litigio está afectando de manera directa a cerca de 80 personas de la tercera edad que se hallan recluidas en el lugar, muchos de los cuales no cuentan con acudientes o familiares que paguen su estadía.

Según Francisco Antonio Girón Ocampo, secretario de Bienestar Social del municipio, el hogar no tiene ningún problema legal ante el Estado en razón a que cuenta con la debida licencia de funcionamiento otorgada por la Secretaría de Salud Municipal.
A su juicio, el problema se centra en la disputa que se ha suscitado en el interior de la institución por su administración, algo en lo que el municipio no quiere intervenir por tratarse de una entidad de índole privado.

“Por normas legales, el municipio debe aportarle al Albergue el Buen Samaritano unos recursos a través de la estampilla proadultos, cuando estos son de los estratos 1 y 2 pero mientras no haya un representante legal, el municipio no le hará ningún giro” precisó el funcionario municipal.

Parte de las dificultades económicas que acarrea el albergue en estos momentos, están relacionadas con la imposibilidad del municipio de girarle $ 25 millones provenientes de la vigencia del año anterior, en razón a que el padre Palacios no alcanzó a aportar la documentación requerida.

Quedan otros $ 50 millones, correspondientes al primer cuatrimestre de 2018 que tampoco se les ha podido entregar por la entrada en vigencia de la Ley de Garantías, agregó Girón Ocampo.
En cuanto a algunas reparaciones locativas que requiere el lugar, el funcionario señaló que no es posible hacerlo ya que se trata de una institución privada que funciona en un espacio igualmente privado y se cometería un peculado.
Se estudia la posibilidad de traslado de algunos adultos a otros centros.

Posición de la Diócesis

Monseñor José Roberto Ospina Garcíapeña, obispo de la Diócesis de Buga, dijo a EL TABLOIDE que es difícil tomar alguna acción administrativa con el Albergue el Buen Samaritano por cuanto no existen en sus arcas los recursos para este tipo de intervenciones.

“Desde la Diócesis lo que sí podemos es hacerles un acompañamiento a los hermanos que se encuentran ahora al frente del albergue en procura de que sigan adelante con la obra que dejó el padre Palacios” precisó el prelado de la iglesia católica.
Señaló que está en conversaciones con los actuales regentes de la entidad para ayudar a que el Albergue el Buen Samaritano se consolide y no se vaya a acabar una obra de tanta proyección social.

Por su parte el hermano Alberto, uno de los frailes que está al frente de la institución, negó que haya un litigio interno y señaló que quienes quedaron harán todo lo necesario para que la obra que distinguió el padre Hernando Palacios se conserve.

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