El Tabloide

J.M González, la voz que Buga no olvida

En esta fotografía aparecen J.M. González junto a Heberth Aragón durante el reconocimiento hecho por los egresados del Sena.

Amando por unos odiado por otros, este singular hombre de los medios del Valle del Cauca dejó una huella que prevalece en la Ciudad Señora. La originalidad de J.M González fue sin duda su mejor arma.

Para realizar esta nota periodística acudimos a la memoria de varios habitantes de la Ciudad Señora, quienes al ser indagados sobre lo que para ello significó J.M. González o guardaron silencio prolongado o se regaron en prosa y elogios para este hombre que falleció el 31 de julio de 1994.
Aunque nació en Guacarí, su vida personal y profesional la desarrolló en Buga, tierra que amó, defendió y por la que dio batallas en los diferentes espacios que lideró pero de manera especial en el Radio Periódico Campeones, una tribuna radial en la que abordaba sin pelos en la lengua los asuntos más álgidos de la comarca.
Quienes lo conocieron lo definen como un personaje singular, hábil para los negocios, mordaz y de lenguaje poco ortodoxo para ser un hombre que todos los días y durante varias décadas contaba los hechos noticiosos a través de Radio Guadalajara en los 1410 A.M del dial.

Era un hombre único

José Hebert Aragón Ramírez, uno de los hombres más cercanos a J.M, lo define como amigo de sus amigos, de un picante propio a la hora de hablar, amplio y amante de los viajes, divertido y admirador del sexo femenino.
“Yo recuerdo que a mí me hizo famoso cuando me presentaba al aire y decía: Aquí llegó el hombre que habla del hallazgo del cadáver muerto de un hombre sin vida” comenta el veterano periodista que por más de dos décadas transmitió su programa Títulares de Prensa en la misma estación radial.
Agrega Aragón Ramírez que sus apuntes eran únicos, urticantes y algunos subidos de tono o cargados de doble sentido.
“Alguna vez llegaron unas monjas y J.M me dijo: ´Suba y hágase la paja con ellas´ por decir que fuera amplia con ellas” precisa.
Al pedirle a Hebert Aragón que definiera a este personaje en una sola palabra no dudó en afirmar: “Un buen ciudadano”.

Nora, la del máster

Los oyentes del Radio Periódico Campeones lo esperaban a las 12 del medio día en una cita que tenían para enterarse de lo que pasaba en la región y uno de los testigos de todo lo que allí pasaba era Nora Dacier Bedoya, la única autorizada para manejar las perillas y ponerlo al aire y en contacto con sus oyentes.
A Bedoya, J.M la conoció cuando era la voz oficial de un almacén y fue cuando este cerró sus puertas cuando aprovechó y se la llevó para Radio Guadalajara y allí pasó un cuarto de siglo, 25 años haciendo locución, reportería, pero ante todo el control máster.

“Para mí J.M fue un gran jefe, amable y aunque para muchos era un hombre burdo a la hora de hablar, incluso al aire, nunca tuvo malos tratos para conmigo” afirma esta mujer que aún sigue al frente de una sección donde entrega apuntes y dardos sobre la realidad de Buga en un canal de televisión local y administra una de las zapaterías más conocidas en la población.
Justamente entre zapatos y mientras atiende a su clientela, Nora Dacier busca en su memoria algunas anécdotas pero son tantas que le queda difícil escoger una.
Lo que sí recuerda y no duda en calificarla como la mejor o al menos la más divertida fue la entrevista que le hizo a Eduardo Luna y Sepúlveda, el hombre de Radio Luna en Palmira a quien le achacan apuntes que hacen parte de las historias insólitas de la radio.

“Ese día eran más de la dos de la tarde y la gente no quería que se acabara el programa pues la charla de los dos era genuinamente valle-caucana porque los dos eran similares en su estilo” comenta la mujer cuyo nombre se hizo famoso pues luego de despedirse de Raymundo y todo el mundo, J.M decía: “Y en el máster Nora Dacier Bedoya” y eso marcaba el final de la jornada informativa.

Un hombre de familia

Para lograr una semblanza diferente de este hombre más allá de los micrófonos, basta con remitirse y leer algunos apartes del discurso que pronunció su hija María Bolivia durante sus honras fúnebres el 2 de agosto de 1994 y que recogió José Hebert Aragón en su libro Apuntes, la radio, Periodismo, Televisión Provincia Buga Real.
“Mi padre fue un hombre bueno pero severo, intransigente con la mediocridad y con las laxitudes de los principios éticos y morales. Los rayos candentes de su personalidad dejaban muy pocos rincones en donde la ardentía de sus convicciones no se hicieran sentir” dice el escrito.
“Hoy viendo mi vida en retroespectiva debo aceptar, que con todos sus costos prefiero el calor al frío o a la tibia medianía, porque mi padre era un hombre caluroso como el Valle del Cauca y no gustaba de tintas medias ni de paños tibios” precisó en esta pieza de oratoria González Sánchez, una de los cuatro hijos que procreó el hombre que marcó con tinta endeleble la historia radial en esta región del país.

Genio y figura

Fue tan peculiar J.M. González que poco antes de morir sorprendió a sus oyentes al relatar y describir con una gracia macondiana cómo sería su funeral.
“Yo me imagino ese día y veo como pasa al frente del parque Cabal la carroza fúnebre y en las esquinas del Café Canaima estarán algunos llorando y diciendo: “Mirá ve, que pesar se murió J.M. pero también estarán por ahí otros diciendo siquiera se murió ese hijuepú” y soltó la carcajada, la misma con la que se burlaba de los alcaldes, concejales y dirigentes que caían en desgracia con él y con quienes no se ahorraba a la hora de la crítica.

En esta fotografía aparecen J.M. González junto a Heberth Aragón durante el reconocimiento hecho por los egresados del Sena.

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