“…todavía existen odios que no han sido sanados y que aún estamos viviendo en una sociedad alimentada por la sed de venganza…”.

Si todos los colombianos estamos anhelando la paz después de 50 años de guerra con las autodenominadas Fuerzas Revolucionarias de Colombia, ahora desarmadas, gracias a un acuerdo con el gobierno, mediante el cual aspiran a participar en política para acceder a los cargos del poder legislativo, mal podríamos recibirlos con la misma violencia que decimos estar hastiados e indignados durante esa nefasta época que solo ha dejado estelas de sangre a través de todo el territorio nacional. Podemos estar de acuerdo o no, con lo acordado, disentir del movimiento subversivo, de sus planteamientos como sistema para orientar los destinos de Colombia, pero eso no puede convertirse en la demostración de más violencia, la cual creíamos había sido derrotada en el interior mismo del alma nacional.

Estamos observando con bastante preocupación, la grave y peligrosa intolerancia con que son recibidos los representantes de los excombatientes que hoy tratan de recorrer las distintas poblaciones del país para exponer sus ideas acerca de lo que creen correcto para resolver otros inmensos problemas por los que se atraviesa en la actualidad, así no compartamos tales ideales. Hace ya, más de un año, que se viene hablando,una y otra vez, del postconflicto, en donde se debería reflejar una actitud de reconciliación, mediante la cual, la sociedad colombiana acoja a quienes estuvieron equivocados a través de la historia creyendo que con las armas se tomarían el poder.

Tanto los voceros del gobierno como representantes de las instituciones de mayor representación, entre ellas, la Iglesia, han insistido con vehemencia en la necesidad del perdón, como la única forma de acoger a los exguerrilleros y en consecuencia tenderles la mano, lejos de las agresiones verbales, físicas y morales, pero lo que vemos es todo lo contrario, lo cual nos hace suponer que todavía existen odios y resentimientos profundos que no han sido sanados y que aún estamos viviendo en una sociedad alimentada por la sed de venganza, que pone en serio peligro la misma convivencia pacífica que tanto hemos anhelado. Y si de otra parte, somos sinceros, podemos apreciar el alto grado de calidad humana, entre otros muchos de quienes han padecido las horrendas secuelas del conflicto, como por ejemplo, las víctimas del Club el Nogal de la capital de la república, en cuyos espíritus se ha dado el perdón y la reconciliación con los victimarios, es ejemplo inequívoco, que sí es posible concebir una nueva actitud de acogida hacia aquellas personas que hicieron tanto daño.

Pero si estamos actuando con la misma o peor violencia que rechazamos y condenamos durante más de 50 años, estamos actuando con la máxima contradicción de nosotros mismos y además, no podemos olvidar la otra violencia bipartidista que arrasó igualmente hombres y mujeres en tiempos que ni siquiera queremos recordar que igualmente sembraron de sangre y terror muchísimas familias colombianas en los sectores urbano y rural de nuestra amada Patria que hoy gime y llora por sus muertos. No es posible aspirar a una nueva Colombia, si continuamos esgrimiendo el odio, los resentimientos, las agresiones contra aquellos que no piensan ni actúan igual a nosotros.

Pensemos que hoy el mundo es otro, que en una democracia fuerte caben todas las ideas, que no es necesario aplastar al otro para vencerlo en una contienda electoral, que tal como la que estamos viviendo, parece convertirse más bien, en otro campo de batalla cruel y despiadada. Así no se puede construir la paz, así no se construye democracia y podemos ver muchísimos ejemplos de otros países, por ejemplo europeos, en donde conviven hombres y mujeres con distintos pensamientos políticos y económicos, sin necesidad de avanzar hasta la violencia. Los dirigentes políticos actuales tienen mucho de responsabilidad en la construcción de la paz, que apenas comienza y con muchísimas dificultades como era de esperarse. ¿Cuántas veces se ha escrito y hablado de perdón y olvido?. Pues es la hora de hacerlo realidad.

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