Situaciones como el suicidio infantil inducido por redes sociales, pasan porque los padres no tienen tiempo para compartir con los hijos para acceder a una vida real, no virtual, dicen especialistas.

La primera víctima fue un adolescente de 16 años que puso fin a su existencia el pasado 14 de mayo. La segunda fue una niña de apenas 11 años, que se quitó la vida este 14 de junio. Ambos casos se presentaron en el lapso de un mes en Jamundí, donde al parecer, más menores de edad habrían fallado en sus intentos de poner fin a su corta existencia, inducidos desde un grupo cerrado en una red social. 

¿Cómo llega al suicidio alguien que apenas empieza a vivir, peor aún, influenciado por extraños a través de una red social? Es la pregunta que desvela a los familiares, convoca a las autoridades y analizan los especialistas.

Lina María Saldarriaga, psicóloga directora de Contenidos e Investigación de RedPapaz, advierte que el suicidio es un fenómeno multicausal y ningún niño con una familia estable y buen soporte emocional, toma esa decisión solo por verlo o leerlo en las redes sociales.

La psicóloga explica que esas ideas de muerte que se promueven en grupos cerrados, solo pueden tener efectos en menores vulnerables, es decir, que desde su primera infancia han sufrido maltrato, agresiones, abusos, estrés.

Por ejemplo, en un caso hay evidencia de que la víctima era sometida a estrés extremo al hacerse cargo de sus hermanos más pequeños, cumplía funciones parentales no propias de su edad.

“Para tomar esa decisión, les tienen que pasar muchas cosas antes a estos niños y cuando ya existe ese nivel de fragilidad emocional y familiar, los mensajes de las redes sociales pueden ser un gancho para ellos”,
Lina María Saldarriaga,
psicóloga RedPapaz.

“A esos niños les calan esos mensajes donde se idealiza y se vuelve romántica la idea del suicidio; dar detalles del método o la carta que dejó una víctima, pueden enganchar a chicos vulnerables y precipitar esa decisión de quitarse la vida”, explica la psicóloga de RedPapaz.

Lo más grave, según RedPapaz, es que el fenómeno no afecta solo a adolescentes, sino, incluso, a niños entre los 5 y los 9 años. En 2016, se presentaron cinco casos de suicidio en ese rango de edad y en 2017 fueron 3 en el país. “Que exista el riesgo de tomar esa decisión a esa edad, significa que ese niño está sufriendo desde pequeño, hasta llegar al punto de quitarse la vida”, comenta la psicóloga Lina María Saldarriaga.

El suicidio inducido por redes sociales es más común de lo que se cree. El juego de la ballena azul, que empezó en Rusia hace cuatro años, dejó en 2017 cuatro menores de edad muertos en Cúcuta, Bogotá y dos en San Pedro (Valle), donde dos más sobrevivieron a los 50 retos que culminaban con el de quitarse la vida.

Soraya Rallón, psicóloga de la Universidad Javeriana Cali, y coordinadora de Salud Mental de Jamundí, municipio afectado por el fenómeno, cree que todo empieza con la falta de control a internet y a dispositivos móviles. “Ya se volvió una moda que los dispositivos móviles los manejen los menores de edad, cuando es a los adultos a quienes les venden aparatos y los planes de datos, pero los padres olvidan eso y entregan aparatos a niños pequeños”, dice la funcionaria.

“Un celular o una tablet no es un regalo para niños, es una herramienta de comunicación para hacer tareas y hallar información; por ello los padres deben mantener el control de estos dispositivos”, advierte Soraya.

El error comienza por los padres, recalca, ya que los adultos convertimos en premios la tablet, el celular y el plan de datos. “Somos muy permisivos, nos parece muy buena compañía el celular o el portátil para tenerlos ocupados, y descuidamos lo que hay dentro. Los dispositivos electrónicos son muy útiles, pero somos nosotros los que les damos mal uso”, insiste la psicóloga de la Secretaría de Salud de Jamundí.

Perfil de las víctimas

Soraya señala que el perfil no solo de los dos que perdieron la vida sino de muchos niños vulnerables, es que son hijos de padres muy ocupados, sumergidos en los deberes y entornos laborales, cuyo trato con los hijos es muy superficial, con un ‘cómo te fue’ y un ‘bien’ como respuesta y ya. 
“Son niños que se sienten muy solos, tienen esa sensación de soledad, con conflictos familiares y cuando los padres quieren hacerle acompañamiento, ya ellos llevan un proceso en las nuevas tecnologías, que les crean fascinación y sienten apego a ellas”, explica.

Pero a la vez, añade Soraya, son muy inteligentes, buenos estudiantes, lectores hasta de filosofía, que se cuestionan qué es la vida y la muerte, por qué estamos en este mundo. “Preguntas que todos nos hicimos en la adolescencia, etapa en la que no somos ni niños ni adultos y no encajamos en la sociedad”, afirma.

“Si ya le regalé celular con horario y plan plenos, el niño o adolescente no entiende la prohibición de usarlo y se cuestiona: Si me has dado esa responsabili-
dad, ¿por qué ahora 
ya no?”,
Soraya Rallón,
psicóloga, Secretaría de Salud de Jamundí.

“Ellos sienten que no encajan en este mundo o en los grupos de la rumba, por ejemplo, y se cuestionan el rol de los adultos. Nos critican que saquemos pecho de lo que hacemos por ellos, cuando en realidad no hemos hecho nada y que nos creamos los importantes, cuando los importantes realmente son ellos”, argumenta Soraya.

La psicóloga de Jamundí denuncia que padres con jornadas de trabajo muy extensas someten a sus hijos a encierro y le dicen al vecino, ‘echémele un ojito’. “Si dejáramos un billete de $100.000 en la puerta, al cuidado del vecino, ¿cree que al volver, hallará el billete? Igual pasa con el hijo, alguien puede entrar, si no es que ya hay alguien adentro, como pasa con las redes sociales”, sostiene la psicóloga.

¿Cómo prevenir la situación?

Hay que estar atentos a señales de alerta claras como cuando los niños presentan cambios de humor fuertes, se tornan irritables o agresivos, no comen, no duermen, no tienen los amigos de antes y escriben en redes sociales o dicen ‘ya todos se van a librar de mí’ o ‘ya se va a acabar este sufrimiento’. “Es cuando hay que tomar medidas preventivas porque en esta decisión no hay vuelta atrás, y es mejor pecar por exceso que por defecto”, dice Lina María Saldarriaga.

Se aconseja tener una comunicación abierta con los adolescentes, algo difícil porque en esa etapa ellos quieren estar lejos de sus padres, pero siempre hay que estarles preguntando: ¿cómo estás’, ¿cómo te fue?, ¿cómo te sientes?, ¿te sientes triste?, ¿te has sentido alguna vez así?
Cuando un adolescente alega que sus padres le están invadiendo su privacidad, la psicóloga Lina María Saldarriaga recuerda que deben argumentarle: ‘Hasta los 18 años soy legalmente responsable de ti, voy a estar monitoreando tus redes sociales, respeto tu intimidad, pero esa intimidad tiene un límite porque tengo que cuidarte, muy diferente a invadir tu privacidad’. 

Ella aconseja revisar su lista de amigos con el hijo, ver quiénes son, quiénes pueden ser riesgosos, pero no regañarlo por las mismas redes. 
Además, ya hay sentencia de la Corte Constitucional que da a los padres la potestad para revisar y supervisar las redes sociales de sus hijos.

La psicóloga Soraya Rallón, coordinadora de Salud Mental del Municipio de Jamundí, señala que la mejor prevención es cultivar una relación amigable con los hijos desde pequeños. “Los adultos nos equivocamos porque nosotros mismos generamos distancia con nuestros hijos desde su infancia, perdemos credibilidad cuando mentimos y el niño va captando eso y va distanciándose de sus padres porque no encuentra en ellos la verdad, y la busca en sus pares o en internet y redes sociales”, explica la profesional.

Los papás, a su vez, generan barreras porque se quedan en satanizar, en decir que todo es malo y en prohibir, pero no investigan, no se informan y se quedan sin argumentos ante hijos ‘millennials’, que no necesitan manual para las Tics. 

Por eso, aconseja la psicóloga Soraya, es importante comunicarse con ellos en el presente, hacer una supervisión constante y permanente que nos involucre, hacernos amigos de ellos en Facebook, en Instagram, en Twitter, lograr que no nos bloqueen en las redes y hacerles una inspección con cierta regularidad para ver quién les escribe y qué les escriben, qué comunicación hay allí, pero siempre desde el amor y el respeto.

Quiénes están detrás

Los casos de suicidio de menores de edad de Jamundí ya están en manos de la Fiscalía y de Policía de Infancia y Adolescencia, pero se dice que en ese grupo cerrado hay un buen número de niños del Valle del Cauca. Son menores que llegan allí por curiosidad, invitados por un amigo, para hablar de temas triviales, pero alguno pone el tema de qué es la muerte, cómo será morirse, etc. 

“Así los van induciendo a la tristeza, la depresión, la desesperanza, manipulados por mentes perversas, porque promueven el suicidio con frases que lastiman su autoestima y hacen que el niño se sienta más triste hasta llegar a la decisión de morir”, dice la psicóloga Soraya Rallón.

Lina Saldarriaga cree que así como hay gente que usa la trata de personas y de menores de edad para fines sexuales o de utilizar material sexual infantil, para beneficio económico, hay personas inescrupulosas que aprovecharon el ‘boom’ informativo de la ballena azul para difundir estos grupos y hacer daño. O de mentes perversas que tienen una patología fuerte, según Soraya. 

“Son niños con los que podría hacerse una terapia grupal, pero decidieron hacérsela ellos mismos, entraron a un grupo y dijeron ‘hagamos un pacto, quitémonos la vida’, pusieron una fecha y alguno se adelantó. Estamos trabajando con los que quedaron, para rescatarlos”, concluye la psicóloga de Jamundí.

Sí hay una red en el Valle

La ingeniera informática Nazly Borrero revela que en el caso de Jamundí, sí hay un grupo dedicado a esta labor, cuyo líder hace ingeniería social (así se le llama) por redes sociales y recluta jóvenes para agregarlos.

“El líder de la manada mira en las redes los perfiles de jóvenes que se notan vulnerables, aquellos que exponen sus problemas, que ponen en su estado que están tristes o deprimidos, se hace amigo de ellos, comienza a preguntarles qué te pasó y les va sacando información y luego procede a jugar con la autoestima de los menores, con expresiones como ‘usted no sirve para nada’, ‘no le robe oxígeno a la gente’, entonces los jóvenes se comienzan a sentir culpables y se matan”, explica Nazly Borrero.

El problema es que en Colombia, como en la mayor parte del mundo, no hay tipificación de los delitos informáticos. Por ejemplo, el Código Penal no tipifica el ‘grooming’ (acoso sexual cibernético) o el ‘sexting’ (extorsión por material visual íntimo) y menos la inducción al suicidio por redes sociales. “Tenemos un vacío jurídico muy grande en la tipificación y penalización de delitos informáticos, por lo que se dificulta que un juez pueda dictar sentencia de forma correcta”, comenta Nazly Borrero. Lo que se hace es aplicar las penas de los delitos reales a los del ciberespacio. A diferencia de otros delitos cibernéticos, que dan beneficio económico, este le reporta al líder una satisfacción de cumplir su cometido.

“Falta mucha conciencia en la población y mucha capacitación en las autoridades y por parte del Gobierno, generar las mesas de trabajo para elaborar la normatividad para tipificar penalmente los delitos cibernéticos”.

Consejos

Los padres de familia deben estar más atentos a las redes sociales de sus hijos, hay muchas vulnerabilidades por la falta de confianza y de atención. “Un muchacho retraído, que no habla, se aísla, ya es motivo de alarma, que a veces por los afanes del día se olvidan”, dice la experta en seguridad informática, Nazly Borrero.

“No dejarlos estar 100 % en redes sociales, ni dejar los PC portátiles, celulares o más dispositivos electrónicos en las habitaciones de los niños y adolescentes.

”Hoy en día, un hacker puede abrir la cámara y observar todo lo que pasa en la habitación, así el dispositivo esté apagado, o hacer llamadas desde un celular sin que el dueño sepa”, dice Nazly.

“Hay redes a nivel mundial dedicadas a esto y no es fácil ser detectadas para poder cerrarlas”, admite Nazly.

Síntomas

Estresores detonantes del suicidio como enfermedades, abuso sexual, bullying escolar o por redes sociales, que pueden llevar a este desenlace.

Ser conscientes de los horarios de uso fijadas por las redes sociales, según la edad. Por ejemplo, un menor de 13 años de edad no puede ingresar a las redes sociales y si está en ellas, está mintiendo, porque con su fecha de nacimiento correcta no podría abrir la cuenta. 

El uso de dispositivos móviles debería ser de una hora al día. Y para el adolescente que hace mal uso de ellos, que pasa muchas horas o no hace sus deberes, o no le quiere dar la contraseña a los padres, se debe limitar su uso a una o dos horas a la semana.

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