“…las quejas y denuncias son el pan de cada día cuando la gente no puede caminar con toda la tranquilidad posible…”.

Nunca dejaremos de insistir una y otra vez sobre la urgente necesidad de no bajar la guardia en materia de inseguridad ya que la comunidad tiene el derecho constitucional de sentirse protegida en todo momento y en todo lugar a fin de vivir en tranquilidad y en paz y de esta forma trabajar mancomunadamente en la búsqueda del propio bienestar y de la colectividad.

Sin embargo, al dar una fugaz mirada a nuestro alrededor, pareciera que la inseguridad es un estado permanente de nuestra sociedad, porque las quejas y denuncias son el pan de cada día cuando la gente no puede caminar con toda la tranquilidad posible por las calles de la ciudad ya que se siente amenazada por los amigos de lo ajeno y en el menor descuido le son arrebatados celulares, relojes, cadenas y obviamente el dinero.

Un ejemplo claro y palpable del miedo en nuestro entorno, es observar las residencias de la mayoría de los estratos altos en donde son instaladas rejas, candados y sofisticados sistemas de alarmas, con lo cual se trata de impedir el hurto. Sabemos y conocemos de los esfuerzos de las autoridades por contener a los delincuentes, sin embargo, vemos que se multiplican en orden geométrico y crecen como una plaga incontenible que se extiende por los cuatro puntos cardinales de la ciudad. Cada cuatrenio se lanzan programas novedosos que intentan, sin lograrlo, la plena tranquilidad pública y paradójicamente el problema crece y crece sin detenerse.

Todo parece indicar que estamos viviendo en una sociedad que no se deja controlar, que prefiere la anarquía y el caos y bajo el pretexto de la defensa de sus derechos abusan hasta de la misma autoridad. Los legisladores también están divididos en la búsqueda de la seguridad ciudadana, porque unos hacen prevalecer las medidas represivas, mientras que otros optan por las preventivas y en este tira y encoge, es el pueblo en su totalidad, el que padece y sufre las consecuencias nefastas de quienes les interesa un bledo la convivencia pacífica.

Mientras se logra un equilibrio entre todos los responsables de que se respire un ambiente de seguridad en la región, es menester de los ciudadanos que continúen con sus estrategias y medidas de auto protección para evitar ser víctimas de delitos que afecten la paz y la tranquilidad de sus hogares. Sinembargo la fe y la esperanza de que algún día se podrá caminar tranquilos por las calles de los pueblos, persiste.

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