“…No esperemos a que se acabe, a que llegue otra vez un racionamiento de agua…”.

El pasado viernes 31 de agosto fui con el equipo periodístico de EL TABLOIDE hasta la vereda de Guadualejo, un rinconcito del municipio de San Pedro, porque nos llegó la información de que llevaban 60 años sin el preciado líquido del agua. Pero no lo hicimos solos, nos acompañaron varios funcionarios de Centroaguas que generosamente les llevaron agua y un poco de alegría a las 23 familias que habitan allí.

Entré a una casita llena de necesidades, pero donde se respiraba tranquilidad y mucho amor. Me senté en una butaca para conversar con una señora joven que lleva 5 años viviendo allí junto a su esposo y sus dos hijos pequeños, y pude darme cuenta de las necesidades que tienen y la falta que les hace el agua, problemática que padecen desde hace seis decadas en este sector. Me dijo la mujer que vivir sin agua no es nuevo para ellos, pero que esta sequía los ha golpeado como nunca.

A pesar de que han visto pasar campaña tras campaña electoral, y tras de ellas a varios políticos prometiéndoles la tan anhelada solución, no pierden la esperanza que alguien se ponga la mano en el corazón para no seguir sufriendo por la falta del líquido que obliga, inclusive, a los niños a hacer sus necesidades en el monte.

Sin embargo, la joven mamá en nuestra charla me aseguró que ellos son felices con lo que buenamente Dios les ha dado y le piden a quienes tienen el privilegio de tomar agua limpia todos los días, la cuiden como un tesoro.

La visita a esta vereda me dejó una reflexión. En el mercado encontramos los alimentos que necesitamos, prendemos el suiche y el bombillo ilumina, abrimos el grifo y sale agua, entre muchos otros beneficios que nos parecen mínimos porque es natural contar con ellos. No esperemos a que se acabe, a que llegue otra vez un racionamiento de agua o de energía, a que anuncien una nueva sequía, para valorar y ahí sí empezar a proteger nuestros recursos naturales. Todavía hay tiempo de reaccionar.

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