“…Ojalá hubieran más Gilberto Román para que la Uceva retomara su rumbo…”.

El lunes falleció, súbitamente, el licenciado Gilberto Román Rivas, un tulueño adoptivo venido de Sevilla para terminar su infancia y desarrollar su adolescencia en el tradicional barrio Victoria sabiéndose incrustar en el devenir de lo que sería su epicentro vital: Tuluá. Así se convirtió en líder cívico, que no solo deportivo, y por eso fue bombero de turno cuando no estaba dedicado a la Universidad, o gestando las glorias del deporte regional como lo testifica el mismo Faustino Asprilla o su compañero de aulas Reinaldo Rueda, el hoy técnico del pomposo y popular Flamengo de Brasil, quien le terminaría dando alas a su hijo Pablo para profesionalizarse en el fútbol como miembro de sus cuerpos técnicos en los clubes o selecciones a donde ha ido Rueda.

Fue el fútbol, precisamente, lo que nucleó su actuar, pues merced a este deporte logró ser dirigente y pedagogo, llegando a fungir como presidente de la Corporación Deportiva Tuluá, Cortuluá, y Decano de la Facultad de Educación y Vicerrector Académico de la Unidad Central del Valle del Cauca. Y es a estas dos instituciones que dedicó con entusiasmo pero con preocupación sus últimos días sin saber que no las volvería a ver en el buen estado en que se encontraban cuando dirigió sus destinos de turno. Desde el bar “D´café” de la 27 donde veía futbol y dialogaba con sus contertulios, mostraba gran intranquilidad por el presente de la “Cortu” hundiéndose cada día más en el pozo del descenso mientras sus dirigentes y las instancias públicas municipales y departamentales se pasaban la pelota para no entregarle un estadio digno al equipo corazón, por lo que a éste le tocó jugar en Cali en medio de la soledad más atronadora cual si fuera cualquier equipo de garaje.

Pero por la Uceva mostró aún más preocupación dada su evidente crisis académica, razón por la cual amplió su carácter crítico apoyado por las mayorías pero negado y desmentido cínicamente por las directivas que acudiendo a la mentira y a la injuria lo catalogaban como enemigo de la Uceva (igual que hacen con los que argumentamos la decadencia académica) cuando en realidad lo que manifestaba era su amor por la institución que ayudó a construir por más de 30 años para que retornara a los tiempos en que a las Facultades, empezando por su programa de Educación al que le dio su primer registro calificado, les otorgaban los permisos mínimos del Ministerio del ramo, y no como ahora que no solo les niegan los permisos sino que los “intervienen”, tal como viene ocurriendo con la Licenciatura en Educación Física, bajo la batuta de la Universidad del Quindío y la Licenciatura en Lenguas Extranjeras bajo la de la Universidad del Valle. Ojalá hubieran más Gilberto Román para que la Uceva retomara su rumbo, por lo que sus conocidos, amigos, familia y demás recogemos su banderas para seguir empeñados en los cambios sociales a que aspiró Gilberto.

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