“…las uvas, según el autor, es un alimento comparado a la leche de mujer…”.

Mi fascinación por las frutas quedó plasmada en una plaqueta que publicó en 1987 la Casa de la Cultura de Tuluá y que se llama “Diez regiones” y a la que integran diez poemas que celebran la misma cantidad de frutos, todos producidos en nuestra rica y variada geografía alimentaria colombiana. Se trataba principalmente de hacer un homenaje a los sabores que de niño hicieron huella indeleble en mi memoria y que Alberto Cardona Gómez consideró una de mis mejores invenciones poéticas. Pues bien, hoy el profesor y agrónomo Luis Carlos Villegas Méndez ha publicado como producto de su trabajo investigativo en la UCEVA, un libro que aumenta desde nuestra riqueza y diversidad frutícola la valoración de dichos cultivos, esta vez desde el punto de vista medicinal.

“Frutoterapia” es un riguroso trabajo de taxonomía, descripción, etimología y señalamiento de sus componentes químicos y su aplicación en el tratamiento y control de enfermedades en humanos, que el profesor Villegas nos entrega para que asumamos las calidades terapéuticas de ochenta frutos, casi todos populares en nuestra tradición de consumo cotidiano. Por su conducto corroboramos, entre otros, que el chontaduro, por ejemplo, tiene bien ganada en la costumbre popular su fama de producto afrodisiaco, ya que entre sus múltiples virtudes se señala que su fruto, pues su raíz tiene otros atributos, cura la “inapetencia sexual y la debilidad en general”. También encontramos en frutos tan proletarios como el tomate de árbol, que este tiene propiedades que lo sitúan como una fuente importante vitaminas y antioxidantes que le dan calidades para remediar problemas del corazón, cardiopatías y que por su alto contenido de potasio, igual que el banano, fortalece el cerebro y es útil en la cura de cefaleas y migrañas severas. De igual manera por su alto contenido de ácido gamma amono butírico baja la tensión arterial.

Igual sucede con las uvas, fruta que consumimos regularmente los 31 de diciembre y que debíamos incluir en nuestra dieta habitual ya que según el autor es un “alimento comparado a la leche de mujer”.
Por ello les deseo una navidad repleta de frutas, vino y alegría y un 2018 con una mejor dieta, guiada por los consejos de sabedores como Luis Carlos y por los mandatos de un corazón sin furia, sin odio y que asuma que lo mejor para este sufrido país es que por fin empujemos todos para el lado del respeto, la solidaridad y la sana convivencia. Felices fiestas.

También te puede interesar:   Abuso de poder
Compartir: