Cirujanos del mundo ya están hablando de la técnica abdominoplástica que Villegas mejoró y bautizó con el nombre de “Tuluá” Lleva 25 años en la ciudad que lo aprecia porque con sus investigaciones le da lustre mundial.

Atentos como ninguno ante la historia de vida de su maestro, los alumnos del médico Francisco Villegas Alzate saben que en él está la fuente que los podrá llevar a triunfar en la cirugía plástica.

Si los yarumaleños supieran la dimensión profesional de su paisano, el médico cirujano Francisco Villegas, seguramente hoy estarían haciendo toda clase de esfuerzos para repatriarlo y llevar hasta ese terruño quizás a uno de los más connotados nacidos en esa tierra, al lado del poeta Epifanio Mejía o el militar Rubén Piedrahita Arango.

Pero fue Tuluá la tierra que el científico escogió, de manera providencial y casi espontánea, para echar raíces, ver nacer a sus hijos y desarrollar una serie de investigaciones que han revolucionado la medicina y en especial la cirugía plástica.
Nacido el 19 de febrero de 1962, Francisco Javier Villegas Alzate fue el mayor de los siete hijos habidos en el hogar conformado por Javier, conocido empresario de Yarumal, y Miriam, docente encargada de formar a cientos de yarumaleños, entre ellos a sus hijos.

Hizo sus estudios primarios en la escuela Epifanio Mejía de Yarumal y el bachillerato en el Seminario Santo Tomás de Aquino de Santa Rosa de Osos. «Lo del Seminario era idea de mis padres que, como todo antioqueño, quiere que sus hijos sean sacerdotes» señala divertido el cirujano en el consultorio 13 de Consulta Externa de la Clínica San Francisco.
Terminados sus estudios secundarios, se va a Medellín para estudiar medicina en la Universidad Pontificia Bolivariana de la que egresa en 1986 y, apoyado siempre por sus padres, se traslada a Bogotá donde se especializa en cirugía plástica en la Universidad Nacional.

«A mí me tocó ejercer la cirugía en Bogotá en una época terrible de violencia, entre los años 1989 y 1992, pero tuve la oportunidad de hacerlo en una institución como el hospital San Juan de Dios donde el trabajo era permanente y me formó como cirujano» agrega.

Llegada a Tuluá

Cansado del canibalismo profesional en la capital, sumado a ello los trancones que ya empezaban a incomodar a quienes residían allí, finalizando 1992, tras consultarlo con su esposa, Silvia Peláez, decide salir de la capital.
«Yo no tenía ni idea de que existía una ciudad llamada Tuluá, lo más cercano que tenía en mi memoria de ese nombre era Tolú, donde mis padres me llevaban de niño de paseo, y nunca imaginé que llegaría a esta localidad en donde he desarrollado toda mi vida profesional» precisa Villegas en una pausa mientras dicta cátedra a un pequeño grupo de estudiantes de medicina de la Universidad Central del Valle en el mismo consultorio.

Su arribo a la ciudad ocurrió en una fecha especial, el 1 de enero de 1993, por recomendación de Santiago Merchán, médico como él y con nexos familiares con la ciudad, quien ya conocía el hospital Tomás Uribe Uribe y le recomendó que se trasladara a la Villa de Céspedes donde había futuro para los cirujanos plásticos.
«Durante los primeros tres meses viví en el cuarto 318 del hospital pero pude empezar a trabajar en lo que quería, la cirugía plástica, para lo cual conté con el apoyo del gerente de entonces, Carlos Alberto Ortiz» dice el médico de mayor proyección de la ciudad.

La abdominoplastia

Luego de hacer algunas cirugías reconstructivas de labio leporino y decidido a que la pequeña ciudad no lo invisibilizara, en 1993 se inscribió en un concurso sobre enoftalmos en Bogotá llevándose el primer lugar, premio que le llegó como estímulo para su futuro.
Luego de pasar por cirugías de extremidades con hueso expuesto, una serie de microcirugías de reposición de manos cercenadas, empezó a estudiar la técnica de la abdominoplastia que tímidamente se abría paso en el país.
«Lo que hice fue cambiar la técnica que venía aplicando el médico brasilero Oswaldo Saldaña sobre descolgamiento vertical del abdomen por un descolgamiento transversal con resultados similares a los logrados con la abdominoplastia convencional» enfatiza Villegas Alzate.

Pero fue en Vancouver, Canadá, en 2011, en el marco del Congreso Mundial de Abdominoplastia, en que se internacionalizó el nombre de “Tuluá” que el médico Villegas le había dado desde 2005 a la técnica perfeccionada por él.
La denominación es un acrónimo de Tuluá cuyas letras traducen Transversal plicatura, Undermining (sin despegamiento por arriba del ombligo), Liposucción epigástrica, Umbilicoplastia con injerto de piel y Abdominoplastia.

«Nuestra técnica ya está adoptada con éxito en Argentina, justamente de donde acabo de llegar recibiendo allí muchos comentarios a favor, lo que es muy positivo puesto que allí son muy críticos, y el siguiente paso será alcanzar el gold estándar o norma de oro, algo que no está lejos para terminar de universalizar el nombre de nuestra ciudad» puntualiza el médico Villegas denotando su amor por el pueblo que lo adoptó, donde nacieron sus hijos Andrés y Juliana y le muestra su inmenso aprecio.

También te puede interesar:   Parroquia Nuestra Señora del Carmen, evangelizada y evangelizadora
Compartir: