“…hay que decidir muy bien sobre aquellas personas que ocuparán las curules en Senado y Cámara…”.

En medio de la polarización política más profunda y jamás vista en los últimos años, 36 millones de colombianos están aptos para elegir a sus representantes al Congreso de la República (Senado y Cámara) mañana domingo 11 de marzo y de cuyo resultado depende en gran parte la inclinación de la balanza hacia uno de los candidatos presidenciales en el próximo mes de mayo, lo cual hace mucho más importante la decisión que tome la mayoría durante la jornada electoral. Es de todos conocido que los grandes temas que se han debatido en lo que va corrido de la campaña se mueven entre la educación, la seguridad, la salud y el empleo, como ejes prioritarios para resolver por quienes aspiran a ocupar el recinto sacro en donde se adelanta la legislación propia de una democracia, sistema que nos rige actualmente.

Bien vale la pena recordar, que la mayoría de las promesas de los aspirantes a legisladores se quedan ahí, en el tintero, que nunca podrán resolver todos y cada uno de los problemas que vive la mayoría del pueblo y tenemos la certeza que el abstencionismo se mantendrá en los niveles históricos de los últimos años, especialmente ahora que se han conocido los grandes escándalos de la corrupción, calificada como el “cáncer” de la democracia, pero no obstante constituye un deber ciudadano y un derecho fundamental, la elección de quienes tienen en sus manos el destino del país desde el punto de vista de la ley respetando las costumbres innatas del pueblo colombiano.

Es así que se hace necesario pensar, reflexionar y decidir muy bien y con claridad meridiana, sobre aquellas personas que ocuparán las curules en Senado y Cámara, estableciendo de antemano que lo esencial es que busquen el bien común por encima del interés particular y de caprichosos arranques de legitimidad en un contexto que hoy pareciera enrarecido por coletazos de la violencia que ha martirizado a tantas familias en el territorio patrio. Es lo mínimo que se puede exigir a los legisladores, la defensa de los derechos fundamentales, como son el respeto a la vida desde el vientre materno, a la salud, a tener un empleo digno, a proteger la familia como célula básica de la sociedad. Es obvio que la problemática del país no se resolverá durante un período, pero el pueblo no pierde la esperanza de que paso a paso y poco a poco, se podrá salir del túnel.

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