“… somos una sociedad de moral flexible, donde se señala con dedo inquisidor las acciones de los otros, …”.

No produce más que un caluroso aplauso padre su valentía para poner la cara y decir “me mamé”, en una sociedad de moral flexible, donde se señala con dedo inquisidor las actuaciones de los otros, aunque no seamos más que sepulcros blanqueados, es propiamente lo que requiere un país para poder crecer.

Decepcionante ver el doble rasero como nuestra sociedad colombiana mide las actuaciones de acuerdo a nuestra conveniencia, esa es la peor herencia que le dejaremos a nuestra futura generación, generación que tendrá que pasar la página del conflicto narcoguerrillero y proyectarse por un país lleno de progreso y oportunidades, basado en la verdad, el respeto por las leyes y el no rompimiento de las reglas democráticas, reglas que a nadie le gusta cumplir so pretesto que en la constitución política reza que se deberá respetar el libre desarrollo de la personalidad, aunque esto nos lleve a la anarquía de tener que soportar una sociedad cada día más narcotizada y libertina.

Basta ya de creernos un país de primera cuando las cifras de economía y desarrollo nos mantiene tercermundistas, basta de creernos doctores por la corbata, sin siquiera haber hecho un postgrado, basta de pedir respeto por nuestras mujeres cuando somos felices vendiendo narco novelas, donde desnudamos nuestra ignorancia siliconada en el exterior.

Basta ya de taparnos un ojo por Eileen Moreno, cuando por las niñas víctimas de los grupos armados nadie dice nada, basta de escuchar y seguirle la corriente a políticos populistas que aprovechando el hambre y la necesidad de la clase pobre siembran el odio e inconformismo invitando a oponerse al crecimiento de las instituciones y a que se destruya lo ya alcanzado bajo la falaz promesa que todo se les regalará en el futuro, cuando el déficit económico actual no da para mantener ni siquiera los principales programas sociales, que de acabarse producirán mas desigualdad y un retroceso irremediable en la busquedad de una paz estable. Estamos cansados de doble moralismos, de mentiras, de temerle a la verdad, al césar lo que es del césar y a Alberto José Linero más que respeto y admiración.

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