“…No habría necesidad de una nueva reforma tributaria (ley de financiamiento) si se cortara la serpiente de la corrupción por la cabeza….”.

El gobierno, a través del ministro de Hacienda, despertó el avispero nacional cuando intenta presentar al Congreso de la República una ley de finan-ciamiento, para ocultar la palabra asustadora de “reforma tributaria” que le permita sanear parte de sus finanzas públicas y se le ha ocurrido una idea que de por sí es injusta, inequitativa y por ende, inaceptable desde todo punto de vista, porque nada peor imaginado que extender el impuesto de valor agregado (IVA) a toda la canasta familiar que empeoraría la situación económica de los sectores menos favorecidos de la población colombiana.

Es incoherente y repudiable que un gobierno que supuestamente está en la obligación constitucional de velar por la protección de los más necesitados, acuda a los mismos para sacarles más recursos de los que escasamente tienen y les sirven para sobrevivir en un medio cada día de mayores dificultades económicas, si se tiene en cuenta que los precios de la canasta familiar suben y suben sin control de ninguna parte, mientras que el salario mínimo se deprecia a ritmos incontrolables, lo que hace imposible que una sola persona pueda vivir dignamente, pues su capacidad adquisitiva no le alcanza para satisfacer sus necesidades mínimas fundamentales. Por estas supremas razones vemos como una actitud positiva, todas las voces de los sectores políticos y de los gremios organizados que están en contra de esta iniciativa antipopular y regresiva pues no se lograría en esta forma el anunciado desarrollo y crecimiento armónico del pueblo en general.

Y hasta nos parece lógico que cada gobierno de turno busque afanosamente la mejor forma de sanear su déficit fiscal, que siempre ha existido, pero esta idea absurda de acudir a los más pobres para perjudicarlos en lo más básico de su sobrevivencia, es la primera vez que se presenta y sorprende la apoca imaginación del gobierno en esta materia, lo que se hace necesario es precisamente buscar por otros medios los objetivos buscados y como ya lo han manifestado algunos dirigentes políticos y gremiales lo que debe hacerse es detener definitiva y radicalmente la corrupción y la evasión de impuestos, cuyo valor suman cifras inimaginables, pero el gobierno se enrumba por el lado más fácil y ataca de frente a los menos favorecidos de la fortunas y al mismo tiempo a una clase media que está superando poco a poco su antiguo estado de pobreza.

Es que a nadie se le ocurre craso error, que raya en lo ridículo, por la estrechez mental y escasa mentalidad de justicia social hacia la población colombiana, cuando en todos los países del mundo, luchan en sentido contrario, subsidiando y apoyando de una manera u otra a los más necesitados. Es necesario que se planteen nuevos caminos para resolver los problemas claramente graves de un Estado que es carcomido aceleradamente por la corrupción. No habría necesidad de una nueva reforma tributaria (ley de financiamiento) si se cortara la serpiente de la corrupción por la cabeza.

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