Por lo menos 10 barrios del sur de Buga sufren los rigores de los olores ofensivos pero el mal se expande. TODAS las miradas apuntan hacia un solo objetivo al buscar los responsables.

“LLEGAÍS hoy a la silenciosa y perfumada ciudad de Guadalajara de Buga como mensajeros del amor de Cristo Redentor”. Esta frase, inspiración del escritor de María, Jorge Isaac el 20 de agosto de 1884, es hoy solo una inscripción en mármol, pues de esa ciudad bien oliente empieza a quedar poco.
Desde hace cinco años los habitantes de al menos 10 barrios, varios de ellos resindenciales en la zona sur de la Ciudad Señora, afrontan el drama de los malos olores que se acentúan en las horas del medio día y se hacen más intensos en horas de la madrugada.
Desde que surgió la problemática, los diferentes estamentos tanto públicos como privados lo abordaron y aunque se han creado mesas técnicas y anunciado acciones, estás no se han aplicado o de nada han servido.

Un nuevo debate

Justamente y ante el incremento de las quejas ciudadanas, el concejal de la ASI, Andrés Felipe Moncayo, citó a un debate ampliado al que concurrieron todas las partes y aunque pareció un discurso repetitivo, al final quedó claro cuál es el origen del mal que le roba el sueño a los bugueños.

Y quien puso el dedo en la llaga fue el ingeniero Carlos Ayora, empresario de sector avícola y conocedor del tema, quien señaló que el problema de los olores en Buga radica en el manejo de la gallinaza en galpones de alta generación por parte de avícolas que han implementado unas baterías donde la gallina excreta en una banda y esa banda saca la gallinaza cada dos o tres días, saliendo cruda porque nunca se ha aireado y cuando esta se expone a cielo abierto es donde comienzan a generarse los malos olores

El experto en el tema al participar de la plenaria, indicó que la única manera de ahuyentar el olor y la mosca en la ciudad es que la avícola responsable tome la decisión de bajar las gallinas, de no volver a trabajar las aves en ese tipo de jaulas, porque son las que generan el problema; este tipo de explotaciones macro deben tenerse por lo menos a quince kilómetros de distancia de una urbe y según indica la avícola a la que todos señalan, se encuentra a kilómetro y medio de la primera urbanización como es el barrio Santa Rita.

Frente a la contundencia de los argumentos del ingeniero Ayora, el concejal Moncayo, citante del debate junto a su colega James Gómez, dijo que se llegó la hora de actuar y que las entidades como el ICA, la CVC y las secretarías de Salud y Agricultura se apersonen de una vez por todas de la situación y apliquen las acciones correctivas del caso y, si la empresa que hasta ahora parece ser la responsable no asume responsabilidades, debe sufrir las consecuencias legales a que haya lugar.

“Aquí no se trata de que se diga que Moncayo o quienes venimos denunciando como lo demuestran los documentos de 2014 esta situación, estemos en contra de la generación de empleo de las familias bugueñas y centrovallecaucanas, pues es claro que los malos olores y las moscas han obligado a cerrar varios restaurantes y si se recorre la zona sur, se leen mensajes de se alquila o se venden las casas porque resulta imposible vivir en el sector” afirma el concejal.

Seguiré denunciando

Por su parte el ingeniero Fernando José Gutiérrez, funcionario de la Adeministración Municipal y am-bientalista de corazón, afirma que tal como se dijo en la sesión del Concejo, el origen del mal ya está más que detectado y diagnósticado, pero ha faltado acción.

“Yo lo vengo denunciando desde hace rato e incluso he recibido amenazas, pero como ambientalista y ante todo como ciudadano tengo el deber moral de denunciar estos atropellos” precisa Gutiérrez.
“Resulta obvio y así lo ratificó el ingeniero Ayora, que la empresa que hoy esta en la mira como generadora de los olores ofensivos está incurriendo en malas prácticas a la hora de producir el compostaje orgánico generado por más de un millon de gallinas que se dice están en los galpones” añade.

Luego del debate en el recinto del Concejo todos esperan que aparezcan las soluciones de fondo a una problemática que parece no acabar en la Ciudad Señora, la tierra del Señor de los Milagros, cuyos fieles ya no aplauden en las misas de sanación pues las manos las usan para espantar moscas y cubrirse la naríz y auyentar los malos olores.

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