Hace más de tres décadas llegó al Valle del Cauca luego de pasar cinco años en el seminario donde inició su camino religioso. Además de su esposa Mariela, el sacristán de la San Bartolomé es fans del carranguero Jorge Velosa.

Idelfonso Alarcón Pradilla, lleva más de tres décadas sirviendo a los tulueños.

Desde hace 34 años los católicos que asisten a los oficios religiosos en el templo de San Bartolomé se encuentran con la estampa de un hombre delgado, de bigote desordenado y quien va y viene repartiendo saludos o llamando la atención a quienes no acatan la disciplina propia de la casa de Dios.
Ese hombre es Idelfonso Alarcón Pradilla, un tolimense que aún no pierde su acento y que desde hace 34 años ejerce como sacristán en la parroquia mayor de los tulueños, tarea que disfruta intensamente con amor y dedicación.

Al ser consultado sobre sus inicios, hay un asomo de nostalgia en sus ojos y recuerda que por iniciativa de su madre fue a parar en el seminario, pues en esa época todos querían tener un cura en la familia, pero lo suyo no era vocación y por eso abandonó la formación.

“Yo fui hijo de enaguas, pues mi papá murió cuando era muy pequeño y mi madre una “indiecita” recia en el trato y quien me inculcó el amor a Dios y algo muy importante la honestidad que me ha servido para lo que hago hoy, pues no hay nada más difícil que estar en medio de la plata ajena” dice Alarcón al recordar que alguna vez su progenitora le machacó los dedos porque tomó una moneda de cinco centavos, toda una fortuna en esa época.

Del Tolima al Valle

Tras su fallido paso por el seminario Idelfonso llegó al Valle del Cauca y concretamente al corregimiento de Andinapoles, jurisdicción de Trujillo con el padre Ciro Sánchez quien al ver la hoja de vida le dijo que tenía vocación sacerdotal y lo trajo a Tuluá para presentárselo al padre Mequisedec Salcedo, quien de inmediato lo dejó como sacristán. Las llaves de las puertas del templo de San Bartolomé las recibió el 30 de abril de 1984, la misma noche en la que fue asesinado el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla.
Pero su llegada a esta tierra de la caña de azúcar tenía para su vida otro propósito y justamente cuando llevaba cuatro años de servicio en la parroquia, el padre Melco llevó dos jovencitas de Salónica, se enamoró de una de ellas y a la postre terminó casado con Mariela Ríos, con quien trajo al mundo a Óscar Leonardo, Angela Viviana y Julián Andrés, sus tres hijos de quien habla con devoción, pero reconoce que los crió con amor y mucha firmeza y por eso hoy son personas de bien.
Su matrimonio fue todo un acontecimiento social en Salónica pues asistieron personajes como doña María Gardeazábal y los dueños del ingenio San Carlos, entre otras personalidades.
Con 30 años de matrimonio, Idelfonso dice amar a su esposa como desde el primer día en que la conoció.

No es tarea fácil

De acuerdo con la definición, un sacristán es la persona que asiste al sacerdote en las labores de cuidado y limpieza de la iglesia, la sacristía y de los objetos sagrados que contienen. Es además el encargado de preparar todo lo necesario para la celebración de la misa a lo que agrega Idelfonso que es una tarea exigente y máxime cuando se tiene un párroco como el padre Luis Mario Larenas, quien es perfeccionista y le gusta tener el templo impecable y cada eucaristía tiene una rigurosidad especial.
“Este es un trabajo que exige mucho compromiso pues hay que estar disponible cuando el sacerdote lo necesite para los diferentes servicios que se ofrecen a la comunidad católica” afirma.

Todos son buenos

Durante 34 años, Idelfonso Alarcón Pradilla ha trabajado con cerca de seis párrocos y varios sacerdotes que de manera transitoria han pasado por el templo mayor de los tulueños, cada uno con un estilo característico.
De ese listado recuerda con afecto al padre Melquisedec Salcedo, pues no solo le dio la oportunidad de trabajar en algo que lo apasiona como el servicio a la iglesia, sino que también Dios lo usó para entregarle a su esposa, a quien ama y no se cansa de manifestarlo.
También recuerda al padre Gildardo González Garcés, a quien define como un sacerdote íntegro, orante y entregado a la fé católica, pero en especial a los feligreses.

Con el que más ha trabajado es con el padre Henry Montoya por quien profesa una admiración especial por su calidez, humildad y disposición para trabajar con y por la gente.
En la actualidad sirve bajo las órdenes del padre Luis Mario Larenas, un sacerdote estricto, que siempre está en función de la iglesia y a quien le gusta que todo sea impecable.

“Como yo fui seminarista entiendo plenamente el papel del sacerdote que llega por vocación, en mi caso no pasó pues lo mío era el matrimonio, tener hijos y testimoniar de esta manera la importancia de la fe” asegura Alarcón Pradilla, tras añadir que los sacerdotes son seres humanos que se enojan, rien, lloran y como todos los humanos con defectos, pero estos son sobrepasados por las virtudes.

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Una entre mil

Con más de tres décadas de servicio son muchas las anécdotas que ha reunido, pero entre carcajadas recuerda una que vivió con el padre “Melco”.
“Eso fue el día que el papa Juan Pablo II llegaba por primera vez a tierras de América y el padre me había dicho que tan pronto el avión papal surcara los aires americanos hiciera sonar el Angelus, pero yo me entretuve viendo la televisión y cuando sentí fue que el padre me apartó y metió un casett, y lo que sonó fue “La cucharita” de Jorge Velosa pues mi música favorita es la carranga” precisa.

La vida de Idelfonso, el sacristán de San Bartolomé, pasa entre santos, cerillas, organizar el altar, hablar con la gente y lo más importante estar listo para servir, porque realmente eso lo hace un hombre feliz.

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