“…En papeles y no sólo en la ingeniería todo es una belleza. Licitaciones perfectas, contratos amañados…”.

Haciendo un recorrido por los diferentes espacios informativos tanto en la televisión como en internet sobre el Puente de Chirajara en la vía que de Bogotá conduce a Villavicencio, se puede evidenciar que el diseño había recibido importantes galardones en cabeza de la Concesionaria Vial de los Andes Coviandes, firma encargada de la gran obra de infraestructura. Entre los premios se cuenta el Premio Nacional de Ingeniería otorgado en el año 2010 por la Sociedad Colombiana de Ingenieros. Un segundo premio lo recibió la concesionaria en el año 2015 de manos de la Cámara Colombiana de Infraestructura como reconocimiento a una excelente ejecución de la responsabilidad social empresarial. Así mismo en el año 2017, en el XVII Congreso español de sistemas inteligentes de transportes, se le concedió el premio ITS precisamente por la innovación al brindar máxima seguridad a los usuarios.

Con los anteriores datos, rescatados de www.dinero.com se preguntaría uno entre los millones de colombianos qué pasó para que sucediera este colapso que técnicamente sepultó a nueve trabajadores y dejó heridos otros ocho en una inversión superior a los 75 mil millones de pesos que así se retome, de seguro no será usada porque la confianza ya no existe. Se empieza a hablar de investigaciones de la contraloría, la fiscalía y los demás órganos de control y vigilancia para determinar las responsabilidades del caso. De igual forma se habla de la recuperación de la inversión vía aseguradoras. Sin embargo, la realidad es una sola. El puente se cayó, esto nadie lo puede cambiar y se convertirá en uno de los grandes errores de la ingeniería en Colombia que sumado a los condominios Space de Medellín, el edificio en el Blaz de Lezo en Cartagena y el de Bella Vista en Buenaventura hacen que se reconsidere de plano la forma como se están edificando las construcciones a gran escala.

En papeles y no sólo en la ingeniería todo es una belleza. Licitaciones perfectas, contratos amañados, selección de profesionales y de firmas a priori, interventorías que no cumplen su misión de auditoría integral en defensa de los recursos públicos y demás situaciones que sin decir en el caso de Chirijara sea lo que haya pasado pueden llegar a desencadenar tragedias como la ocurrida. No obstante, es una oportunidad de aprendizaje para las diferentes profesiones que han dado como resultado que Colombia cuente con infraestructura sobresaliente en Latinoamérica.

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