Lástima que al desfile de bandas que tanto gustaba entre el público tulueño le hubieran dado un entierro de segunda en este programación. 

El lunes culminó la VERSIÓN 63 de la Feria de Tuluá, la fiesta tradicional de los tulueños y en esta sección recopilamos los comentarios de propios y visitantes respecto al certamen.

LO BUENO

El público. La asistencia al coliseo Manuel Victoria Rojas fue representativa. Los organizadores reportaron una asistencia de 85.419 personas, de las cuales entraron pagando 49.478 y casi la mitad del total, 35.941 lo hicieron gratis (cortesías, adultos mayores, niños y en situación de discapa-cidad). La asistencia del día domingo fue muy buena.

El clima. Los asistentes al coliseo disfrutaron de un magnífico clima durante los primeros tres días del evento ferial y solo el lunes, en horas de la noche, cayó un pequeño aguacero que no aguó la fiesta.

La seguridad. Propios y visitantes no tuvieron ninguna dificultad dentro de las instalaciones del coliseo de ferias y no sufrieron ningún atropello como tampoco fueron víctimas de los delincuentes, gracias a la activa acción de la Policía Nacional que estuvo vigilante a toda hora.

La cultura de todos. El comportamiento de los asistentes al escenario ferial fue una demostración del civismo de los vallecaucanos.

La cabalgata. Más de 2.500 jinetes y amazonas hicieron el recorrido por las calles tulueñas, donde reinaron la cordialidad y las mujeres bonitas.

La plaza del mecato. La adecuación del piso del pabellón donde se ubicaron los expositores de mecato, ofreció otra imagen y más amplitud para que los asistentes pudieran apreciar y degustar los productos allí exhibidos.

El pueblito artesanal. La ampliación de la tarima Aycardo Jiménez Cruz Karaña, la escenografía, el excelente sonido, la buena animación y la presentación de Jimmy Saa y Herencia de Timbiquí fueron la nota sobresaliente.

La plazoleta de las comidas. Muy llamativa, amplia, con atractivos módulos para los empresarios que ofrecían sus menús y con dos majestuosos árboles en la mitad que ambientaron el lugar.

Los baños. Los acabados y el espacio designado para ubicarlos fue un verdadero acierto, aunque sería importante construir un bloque igual en otro punto del coliseo, pues este resultó insuficiente.

Los pabellones de los medios de comunicación. Amplios, bien ubicados y con una decoración muy llamativa.

La carrera 30. Este año los vendedores estacionarios que se hacían sobre la vía de acceso al coliseo de ferias se ubicaron en un lote particular dejando libre la principal arteria para el tránsito fluido de los automotores y evitando los trancones acostumbrados.

El aseo. Durante los días feriados el coliseo permaneció limpio y hubo las canecas suficientes para depositar las basuras y desperdicios.

LO MALO

El parqueadero. Quienes asistieron al coliseo de ferias en sus vehículos no encontraron los parqueaderos necesarios para dejarlos bien estacionados y protegidos. El tradicional del instituto Industrial no fue habilitado, y otros que pusieron a disposición quedaron muy retirados del Coliseo, hecho que llevó a que la mayoría los dejara en las calles aledañas.

Las taquillas. La afluencia de público el día domingo puso al descubierto la falta de funcionalidad que ocasionó la concentración de las taquillas en un solo punto, sobre la carrera 30. No fue buena la idea de cerrar las taquillas existentes frente al Matadero.

Sin atractivo para los niños. Varias familias, especialmente las que están conformadas por niños pequeños, no encontraron atractivos para quedarse dentro del coliseo durante mucho tiempo. Para disfrutar de la pista de hielo, que no es de hielo, había que pagar 12 mil pesos adicionales. Los niños se quedaron viendo un chispero y aburridos presionaron a sus padres a regresar rápido a casa.

Las especies menores. Precisamente el espacio que ha sido del gusto de los niños, fue reducido a su máxima expresión y la variedad y cantidad de animalitos fue mínima.

El pabellÓn ganadero. La construcción de la plazoleta de comidas obligó a ubicar una carpa de gran formato, cerca a la zona de la rumba, para acomodar a los ejemplares vacunos que esta vez fueron ignorados por los visitantes. Además no se realizaron varios juzgamientos de importancia.

La logística de la plazoleta de las comidas. Las pocas mesas y asientos que fueron ubicados en la plaza imposibilitaron que los visitantes que querían degustar los platos que allí se ofrecían se sentaran. Además el calor en el nuevo lugar, a mediodía y en horas de la tarde, es infernal.

El pueblito artesanal. La falta de silletería frente a la tarima del pueblito artesanal dificultó la permanencia del público que quería escuchar a los artistas que allí se presentaban.

Con más pena que gloria. Exposiciones que no llamaron la atención esperada, la de artesanías, porque no hubo nada novedoso; las plantas ornamentales, no se le vio el amor; y el stand de la tecnología. Los visitantes al coliseo de ferias las ignoraron.

la exposición automotriz. La pobre exposición automotriz dejó tristes a quienes disfrutan de los últimos modelos de vehículos. Sólo hubo una marca de automóviles, cuando antes se podía apreciar toda la gama de la temporada.

LO FEO

La condecoración. Por primera vez en la realización de la Feria de Tuluá, la junta organizadora condecora a un alcalde y esta vez lo hizo con Vélez… Mejor dicho, yo te nombro y tú me condecoras… ¡Que oso!.

Consecuencias de la cabalgata. Lamentable que al finalizar la cabalgata ferial hubiera fallecido uno de los ejemplares que participaba en el recorrido y cuatro de ellos fueran abandonados por sus jinetes.

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