Su concepción inicial era un teatro pero las circunstancias de la época no lo permitieron y terminó siendo un bar. Hace alrededor de 20 años el bar Central cerró sus puertas y con ello se fueron años de historia.

En la memoria de muchos tulueños, desde luego mayores, aún perduran los recuerdos de lo que fue el bar Central y su significado para ellos. Allí se reunían los empresarios de la época e incluso algunos quebraron sus negocios en el juego de las cartas.

Uno de los sitios más representativos para los tulueños de mediados del siglo pasado es indudablemente el bar Central, un sitio en el que a pesar de su característica era frecuentado por los más distinguidos y adinerados hombres de la época.

Lo que muchos no saben de este recordado lugar es que el propósito con que fue construido el edificio, situado en la carrera 26 entre calles 26 y 27, era el funcionamiento de un teatro y por ello sus amplios ventanales en el segundo piso e incluso una taquilla a un lado.

Gran parte de la historia del bar Central la tiene aún fresca en su memoria el exalcalde Alfonso Henao Escobar, quien sostiene que el edificio fue construido por Rómulo Delgado, un hacendado dueño de la hacienda La Rafaela.

Ante la imposibilidad de acondicionar el teatro propuesto y dado su amplio espacio interior, Delgado decidió que era el sitio ideal para un bar y, tras adecuarlo como tal, le puso bar Central en razón a su céntrica ubicación.

La silla giratoria de peluquería era parte del inventario del popular café del centro tulueño.

Bar y juegos

Muchos de los clientes de entonces recuerdan la estructura teatral del edificio, como las salas de proyección del segundo piso y la amplitud de sus puertas de acceso desde la carrera 26.
Posteriormente, siendo uno de los clientes habituales del bar, Lucio Sandoval Mejía, el mismo dueño de la ferretería que llevaba su nombre y suegro de Henao Escobar, decidió comprar el edificio y continuar con el bar.

Henao recuerda que allí se reunían con su suegro los empresarios de la época, mencionando a los hermanos Carlos, Eduardo, Jesús y Daniel Sarmiento así como Aureliano Echeverry, quienes solían tomar solamente wisky.

También en el segundo piso funcionó por muchos años la emisora Radio Tuluá desde donde su propietario, Pedro Alvarado, como director del noticiero de la época, denunciaba las necesidades de la comunidad.
«Algo que no muchos sabían es que al fondo del bar Central, detrás de una puerta diminuta, funcionaba un pequeño casino donde se jugaba a las cartas y dados, con altas apuestas, tanto que varios de los jugadores quebraron sus negocios allí» sigue rememorando el exalcalde Henao quien recuerda jugadores como Moisés Vélez Botero, Eudoro Jaramillo y Eduardo Sarmiento, entre otros.

Justamente ese espacio fue posteriormente negociado por Sandoval con Carlos Marmolejo, propietario de la Librería Cultura, quien hizo una especie de sótano y allí funcionó por mucho tiempo al fondo el primer nivel de su negocio clausurado hace dos años.

Escenario de película

Entre los lugares característicos del bar Central se recuerdan la gran cafetera a la izquierda, la peluquería con silla giratoria a la derecha y al fondo de ambos, las mesas de billar y algunos juegos de ajedrez y parqués.

Su condición emblemática sirvió incluso para que en 1984 el tulueño Carlos Palau lo escogiera como escenario para un par de escenas de la película A la salida nos vemos, por lo que el bar fue cerrado durante un par de días a los clientes.
«Otro aspecto muy característico del Central era que nunca allí hubo música, no era un café como los demás con una vitrola donde se pusiera música. Era ese silencio melódico lo que gustaba a los empresarios para sentarse allí a realizar sus negocios» señala Henao Escobar.

También se le recuerda porque allí se vendían los formularios de dos juegos de apuestas deportivas ya desa-parecidos, el 5 y 6 que era sobre carreras de caballos y el Totogol en el que se apostaba con los marcadores del fútbol nacional. Para su venta se usaba la pequeña casilla que existía al costado derecho.

Hace cerca de dos décadas, el bar Central cerró sus puertas y fue acondicionado como almacén de ropa de bajo precio hasta que el edificio cambió totalmente su vocación inicial y hoy se distingue por ser la sede de la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos.
Y aunque el bar con el mismo nombre funciona tres cuadras más abajo, nunca volvió a ser el mismo que conocieron y recuerdan aún muchos tulueños.

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