…Este hombre del siglo interpreta la moral según su propia utilidad y su vida se vuelve deplorable…”.

Se dijo que el gobierno de los pueblos debería estar basado en los textos sagrados y su mundo rodeado de la verdad y no de la mentira, de la vida y no de la muerte. Estas bellas palabras se han desvanecido bajo la bruma inexorable del tiempo y hoy por hoy, desafortunadamente, están más desprestigiadas porque algunos detentadores del poder estrangulaban la moral en nombre de la moral, asesinan en nombre de la vida y mantiene la humanidad en un peligroso equilibrio, mientras el fuego, la guerra y la violencia cabalgan apocalípticamente con el estandarte negro de la muerte al frente.

La idea renacentista de que el éxito lo es todo en la política, en la vida cotidiana, en los negocios, nos están llevando hacia una filosofía del despotismo. Este hombre, precursor de la cibernética, que no piensa sino en ganar por ganar, insiste en enlodarse mediante el disfrute enloquecido y agónico de la destrucción espiritual de su propio destino. Este hombre del siglo iluminado interpreta la moral según su propia utilidad y su vida se vuelve deplorable, mientras reconoce y afirma siempre con su mitad de su ser y de su actividad, lo que la otra mitad niega y combate.

No es un hombre total, por lo tanto no es una humanidad total, sino intérvalos y resultados fundamentados en lo trivial y lo ordinario. Una humanidad cautivada por el despotismo y el “sálvese quien pueda”
El proceso de descomposición de los sistemas se ha desarrollado hasta alcanzar una fermentación mundial, en la que desgarran todos los poderes del pasado.

Dentro de este caos universal se han formado poderosos imperios que rápidamente se están destrozando y momentáneamente surgen héroes que vuelven a ser arrojados a las tinieblas por rivales más osados y poderosos. Se trata de una lucha universal, en donde los principios fueron abatidos, pero no se trata de revolución alguna, sino solo el proceso de putrefacción del espíritu y de la “condición del hombre”. La instancia suprema del acontecer espiritual es el proceso de la historia, y esa condición humana solo existe por concepto dentro del proceso, pero no tiene existencia dentro de la realidad.

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