Argentina, Perú, Bolivia, Chile y Ecuador son países que han recorrido con su arte.

Los tulueños se han ido acostumbrando, desde hace unos cuantos años, a observar en los cruces semafóricos a una, dos y hasta tres y cuatro personas haciendo toda clase de malabares actos circenses y musicales que llaman la atención.

Es la consecuencia de esa forma de ser del tulueño, abierto, receptivo y casi siempre dadivoso; esto ha atraído a toda suerte de artistas de la calle, aquellos hombres y mujeres que han optado por la trashumancia como estilo de vida.
Entre esa mezcla de saberes artísticos que ya se han vuelto parte del paisaje tulueño, sobresale una pareja, hombre y mujer, que es vista generalmente en la esquina de la carrera 30 con calle 26, aunque también frecuentan el cruce de El Oasis.
Se trata de Dante Useche y Laura Maya, una pareja de esposos santandereanos que, tras culminar sus respectivos estudios universitarios, un día cualquiera decidieron que ganar su sustento andando por el mundo y de manera informal mostrando lo que habían aprendido, era lo que querían hacer por el resto de sus vidas.

Profesionales del arte

“Nos gusta Tuluá porque es una ciudad tranquila, alegre, acogedora, su gente es muy buena y responde con generosidad cuando se le muestra buen arte” señala Useche en un momento de descanso de su actividad.
Sus vidas estaban marcadas por el arte a pesar de que los estudios de Laura nada tenían que ver con el mundo artístico. Ella estudió topografía en las Unidades Tecnológicas de Bucaramanga. Dante en cambio es licenciado en artes de la Universidad de los Andes de Mérida, Venezuela.
En ese país vivieron muchos años, de hecho él conserva esa nacionalidad por ser hijo de venezolano y allí, juntos, conocieron la vida circense trabajando para la Compañía Nacional de Circo donde aprendieron todo lo relacionado con esta actividad, desde el trapecio y los malabares hasta algo de magia.
“Como artista trato de mantenerme fuera de la política y por eso, en pleno régimen de Chávez en 2006, decidimos salir de Venezuela porque cada vez la situación era más difícil” agrega Useche mientras prepara el siguiente acto, siempre con Laura a su lado.
Tras una breve estadía en Colombia, Laura y Dante volvieron a liar bártulos para recorrer Chile, Bolivia, Perú, Argentina y Ecuador, correría que procuran hacer cada año llevando siempre el arte que los ha distinguido donde quiera que van.

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El juego con pines de bolos es uno de los números que más les pide la gente por su armonía.

Se cierra el telón

Ante la inquietud si prefieren la calle o los escenarios cerrados como el teatro, Useche manifiesta con absoluta seguridad que para ellos es mejor la calle, la esquina o el parque porque allí pueden expresar su arte a todo el mundo, ante un público muy disímil y, desde luego, numeroso.

¿Y los hijos? Bien, muy bien señala el artista. Su descendencia está asegurada con dos hijos, Julián, habido en la relación con Laura, y Giannfranco, el menor, los dos estudiantes universitarios, uno en Bucaramanga y el otro en Quito, Ecuador.

Y aunque esta pareciera ser una actividad fácil y de menor valía, Useche precisa que cada acto debe prepararse con tiempo pues requiere precisión y mucha concentración, además porque junto a Laura debe sincronizar cada lanzamiento de la antorcha, el pin o la pelota.

La tarde empieza a caer, el sol ya no es el mismo del medio día en la esquina donde Laura y Dante están hace ya dos horas, las propinas han sido generosas pero ya el cansancio empieza a hacerse notar en los artistas. ¿Ya se van? “Si, así es siempre, trabajamos hasta que nos cansamos y nos vamos, mañana podremos volver o quizás decidamos viajar para mostrar lo que aprendimos en cualquier otro lugar del mundo” señala el hombre recogiendo sus bártulos para volver al hotel, llamar a sus hijos y disfrutar de los juegos tecnológicos, su otra pasión.

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