“…Casos como “profe mi mamá me dijo que si usted me podía llevar hoy a la casa” no es un invento…”.

Definitivamente una de las más recurrentes barreras para la labor educativa hoy en día es el abandono que sufren cientos de niños por parte de los padres en las instituciones educativas. Matricularlos en cada uno de los grados al inicio del año escolar no es la única responsabilidad por la que deben velar. Además de matricularlos, deben velar por ellos durante todo el año, cuidándolos, respaldándolos, supervisando lo que hacen, darse cuenta a dónde van cuando salen del colegio y llegan tarde a las casas, saber qué hacen cuando no están estudiando. Eso no es responsabilidad de los docentes, son deberes inherentes a la misma naturaleza cuando decidieron procrearlos.

Hay padres que no entienden esto y desligan toda la responsabilidad en las instituciones educativas, al punto que ya es del común que el docente deba extender la jornada para tratar de ubicar los padres de niños a altas horas de la noche, cuando la jornada es la de la tarde, porque nadie va por ellos. Casos como “profe mi mamá me dijo que si usted me podía llevar hoy a la casa” no es un invento en esta columna, son casos que se dan en la realidad y que lejos de parecer una anécdota se convierten en características del cuidado actual por parte de algunos papás en la escolaridad de los hijos.

En este orden de ideas es difícil que los procesos de enseñanza aprendizaje salgan adelante. Las instituciones necesitan de forma constante el contacto parental. Que sean metelones, acuciosos, participativos, entregados, oportunos, cuidadosos, respetuosos, cariñosos con los hijos, agradecidos, tolerantes y brinden apoyo académico permanente para que más que formar un estudiante, coadyuven a formar integralmente una persona de bien a la sociedad.

Papás, ustedes están en la obligación de estar pendientes de sus hijos, de las necesidades que tengan, de su salud. Esto no es responsabilidad de la escuela. Es responsabilidad de ustedes, sólo de ustedes. Cómo es posible que en algunos casos dejen ir a los colegios a niños enfermos y ni se inmuten a contestar los teléfonos cuando los llaman. Eso si se cuenta con suerte de tener los números actualizados, porque en el contexto de la educación pública algunos acudientes cambian de número de celular como cambiar de calzoncillos, lo que imposibilita el contacto. Afortunadamente y para el bien de los niños hay otras formas de ubicarlos, como por medio de la policía de infancia y adolescencia que están prestos a trabajar con las instituciones educativas.

También te puede interesar:   Cayó el Baloto en Tuluá
Compartir: