“…Don Eufranio fue el chofer de muchos de quienes fuimos alcaldes de Tuluá…”.

Cuando el pasado domingo los asistentes que abarrotábamos la iglesia de los franciscanos prorrumpimos en un sonoro y continuado aplauso al paso del féretro que llevaba los restos de don Eufranio Zúñiga camino al altar, no estábamos sino agradeciendo que ese hombre modesto pero leal, nos había brindado su amistad y su conocimiento, su fortaleza y su buen consejo a lo largo de su prolongada existencia.

Don Eufranio fue el chofer de muchos de quienes fuimos alcaldes de Tuluá, pero no solo daba garantía al timón, nadie como él conocía los intestinos de los vehículos y en los talleres  de otros tiempos cuando no existían los scaners ni los digitales para averiguarles los ruidos, don Eufranio no tenía rival.Todos los sonidos los identificaba y uno tenía seguridad de poder reparar el automotor.

Católico ferviente, cargó durante toda su vida la Virgen Auxiliadora de los Salesianos en el Rosario de la Aurora de cada dia del mes de mayo. Por eso tal vez doña Violet Lozano de Mena llevó a su funeral esa misma imagen, para simbolizar con su presencia en el altar de los pachitos, lo que él significó y representó para todos los devotos madrugadores del mes de María.
Los últimos años de su vida, jubilado pero vital, los dedicó a servir de ayudante mayor del templo de los franciscanos y donde lo hubiesen dejado un poquito mas, habría sido el diácono que ahora permite la iglesia católica para hombres ejemplares y serviciales como él.

Yo, que tuve en don Eufranio la máxima confianza y la seguridad de siempre contar con su mano prodigiosa y su paciencia especial, aplaudí con fervor el domingo pasado porque entendía que no solo enterrábamos un tulueño de cepa sino un hombre singular e inolvidable.

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