“…En Jesús somos reconfortados y sanados, perdonados y tenidos en cuenta…”.

“Se acercó a Jesús un leproso, y de rodillas le rogaba: Si quieres, puedes limpiarme. Jesús sintió compasión, extendió la mano, lo tocó y le dijo; quiero, queda limpio. Y en seguida se le quitó la lepra” Marcos 1,40-42.

Según el Libro del Levítico en el capítulo 13 el que sufre de lepra es declarado impuro y debe aislarse completamente de la comunidad; seguramente detrás de esto hay un gran temor al contagio de una enfermedad agresiva y degenerativa.
Jesús no ignoraba las leyes respecto a los leprosos y sin embargo, permite que el enfermo se acerque, siente compasión ante su petición (que es hacer propio lo que el otro está viviendo y sintiendo), lo toca (sabiendo que caería en impureza) y sana al hombre, permitiéndole reintegrarse a la comunidad y llevar una vida normal.

El señor rompe esquemas en una sociedad que lo tiene todo organizado, donde cada quien ocupa su puesto y hasta los enfermos, marginados de la sociedad, saben que no pueden relacionarse con los que están sanos y aceptan que su situación corresponde a un castigo por su pecado. Jesús interviene ahí para plantear compasión y misericordia, perdón y un trato digno, aceptación de la persona independiente de situaciones extremas.

La lepra no es una enfermedad tan corriente entre nosotros, pero sufrimos de ella en la medida que permitimos actitudes, sentimientos y situaciones que marginan a los hermanos, que los excluyen del normal desarrollo y participación en una comunidad donde se debe cumplir con ciertos estándares de comportamiento, pensamiento y decisiones que permitan tener una posición.
Pero también sufrimos la lepra que nos destruye a nosotros mismos cuando nos permitimos actitudes de egoísmo, de ira y de odio.

En Jesús somos reconfortados y sanados, perdonados y tenidos en cuenta, pues es Dios que camina junto a nosotros para hacer posible, con nuestra colaboración, una civilización del amor, donde las personas seamos valoradas por ser hijos del Padre del Cielo y hermanos en Aquel que gastó su existencia hasta la cruz para darle sentido pleno a la vida, regalo y llamado de Dios.

También te puede interesar:   El puente roto
Compartir: