“…Jesús es Maestro de fe y de vida, de palabras sabias y testimonio de vida de verdad que anuncia el Reino de Dios…”.

“Estando una vez en Cafarnaúm, entró Jesús un sábado en la sinagoga y empezó a enseñar. Y se asombraban de su enseñanza, pues lo hacía como quien tiene autoridad y no como los escribas” Marcos 1,21-22
Enseña quien es maestro y no simplemente quien sabe cosas; Jesús es Maestro que vive lo que anuncia y por tanto enseña con la palabra, con su presencia, con sus actitudes, con la vida misma, y lo hace saliéndose de los estereotipos de los escribas, conocedores de la Palabra de Dios, y de otro tipo de personas que pretendían enseñar pero sin testimonio de vida.

La enseñanza de Jesús tiene el recurso magistral de la parábola, ejemplo tomado de la vida corriente y que siempre invita a practicar algo concreto, pero además lo hace con su testimonio de vida que implica fuerte práctica de la oración, conocimiento de la Palabra de Dios y percepción clara de la realidad de las personas. Enseña con autoridad como resultado de su vivencia espiritual y humana, y el conocimiento de realidades humanas que son transformadas en Dios.

No se puede hablar de lo divino solo de oídas, sino que se hace desde el contacto con el Dios de la vida y de la historia, que permite discernir su mensaje salvífico; no se puede hablar de lo humano solo como observador, sino desde la práctica misma de relaciones con los demás, cercanía con lo que viven y hacen, realidades positivas y negativas. En Jesús lo divino y lo humano se funden de tal manera que lo primero penetra de tal manera en lo segundo, que eleva nuestra existencia y le da sentido de esperanza y de fe, de misericordia y caridad, de compasión y ternura, de futuro salvífico y de vida eterna.

Jesús es Maestro de fe y de vida, de palabras sabias y testimonio de vida, de verdad que anuncia el Reino de Dios e insta a su instauración en medio de la humanidad, de conocimiento de las realidades temporales por ser Dios y hombre verdadero, de camino que nos comunica con el Padre y manifiesta el Espíritu Santo.
Ahora bien, hay que disponerse a ser discípulo para que la enseñanza de tan sublime Maestro aterrice en nosotros, sea entendida y aceptada, la pongamos en práctica y tengamos vida en abundancia, que avance por el camino que lleva hasta la salvación, pero con la tarea de compartir con otros lo que sabemos y practicamos.

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