El Tabloide

Desde el Evangelio

“…Los discípulos conocen bien la seriedad de las enseñanzas del Bautista y no dudan en seguir a Jesús…”.

“Estaba otra vez Juan el Bautista con dos de sus discípulos y se quedó mirando a Jesús que pasaba y repitió: “Este es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos oyeron lo que dijo Juan y siguieron a Jesús” Juan 1, 35-37
Algunos estudiosos de la Biblia han presentado a Juan el Bautista como el último profeta del Antiguo Testamento y el primero del Nuevo, y se ha insistido que es el Precursor de Jesús por cuanto su misión consiste en anunciar su advenimiento. Juan conoce bien quién es él mismo y sabe con certeza que Jesús es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo y el que bautiza con Espíritu Santo.

Para los ritos litúrgicos en el templo de Jerusalén se presentaba un cordero que debía llenar una serie de requisitos y que tenía como propósito cargar sobre si los pecados de quien ofrecía el sacrificio, siendo entonces un rito de purificación. Jesús es el Cordero de Dios, que no solamente carga los pecados del pueblo, sino que quita, por su sacrificio en la cruz, el pecado del mundo y por eso decimos que este acontecimiento es redentor (salva).
Ahora bien, Juan Bautista enseña a sus discípulos que Jesús es el Cordero de Dios y no tiene ningún inconveniente en permitir que lo sigan pues él mismo reconoce la grandeza e importancia del Maestro de Galilea para un pueblo que ha recibido la promesa de un Mesías y que además lo está esperando con ilusión.
Los discípulos conocen bien la seriedad de las enseñanzas del Bautista y no dudan en seguir a Jesús con la certeza de encontrar en él lo que necesitan para realizar su vida, y como están ávidos de aprender para vivir con radicalidad su fe, esta indicación y presentación de Jesús les maravilla y los desinstala, dándoles una nueva ubicación en toda esta interesante dinámica que se plantea con Jesucristo.

Hoy se nos sigue señalando a Jesús como el Cordero de Dios, se nos enseña que en Él encontramos una manera coherente de vivir y al final podremos alcanzar la salvación, se nos indica que ni la persona del Salvador ni su mensaje han perdido actualidad y que por tanto hay respuestas a los más grandes interrogantes que tenemos, hay realización en el ahora y un sentido de futuro que nos dice que la vocación última que tenemos es estar con Dios para siempre y esto se logra en Jesús.
Seguimos siendo llamados a ser discípulos, a ponernos en actitud de aprendizaje, sabiendo que no consiste en nada académico sino en el ejercicio mismo de la vida, que no hay graduación y que seguiremos en la condición de discipulado toda la vida, pero con la tarea de ser misioneros, de compartir con otros lo aprendido y lo vivido pues solo en compañía de hermanos se vive la fe y se alcanza la salvación.

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