“…La crítica de Jesús se dirige a los predicadores vacíos, que no viven lo que anuncian…”.

“Dijo Jesús a la multitud y a sus discípulos: desde la cátedra de Moisés enseñan los escribas y los fariseos. Hagan y cumplan todo lo que les digan, pero no imiten su conducta, pues dicen pero no hacen”. Mateo 23,1-3.

Jesús es un fuerte crítico de los escribas y fariseos, dirigentes religiosos, que actúan con doblez, falsedad e hipocresía, utilizando la Palabra de Dios para sus intereses personales y máxime sabiendo que conocen la Palabra, pero no hacen nada para vivir conforme a ella y la utilizan para oprimir a los demás llenándoles de normas, colocando todo el peso de la Ley de Dios sobre los fieles, pero ellos no se preocupan por vivirla.

La crítica de Jesús se dirige a los predicadores vacíos, que no viven lo que anuncian, sabiendo que la Palabra a quien primero debe llegar es a quien la proclama, pues su predicación debe ser el resultado de lo entendido, meditado y orado, de tal manera que lo que se diga no pierda el espíritu sino que por el contrario su contenido sea pleno.
El Señor no quiere que seamos oyentes o predicadores vacíos o ciegos de su Palabra, ni que caigamos en la hipocresía de considerar su Palabra solo como palabras o como conocimiento. Jesús quiere que lo que se transmita sea la vida y no simplemente ideas, o quedarnos en lo histórico sin transmitir la Buena Noticia de la salvación después de haberla hecho vida.
El creyente en Jesús ha de ser consciente que su existencia debe ser expresión de lo que anuncia, que la vida exprese y manifieste lo predicado; que no se quede en las apariencias, que el servicio a los demás sea en solidaridad con sus necesidades; que no hablemos mucho pero sí que hagamos más en favor de los demás; que no pidamos tanto sino que procuremos una vida útil a todos y a los intereses del Reino de Dios; que salgamos al encuentro de las personas evitando cualquier actitud escandalosa o de rechazo.

Estamos convocados a una coherencia total en nuestras vidas, que las palabras coincidan con las acciones y que éstas se inspiren en el amor y la fe.

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